Recobremos el optimismo

156

Sobre los años bisiestos o de 366 días ha habido mucha superstición a lo largo de la historia porque en ellos han ocurrido muertes violentas y tragedias que, desde luego, no son de muy grata recordación. También hay que reconocer que en años que no son bisiestos han ocurrido episodios de similares características. Lo cierto es que en un año bisiesto murieron Shakespeare y Cervantes, se inventó la guillotina y la dinamita, se hundió el Titanic, comenzó la guerra civil española; fueron asesinados Gandhi, Martin Luther King y John Lennon. Para culturas como la escocesa el 29 de febrero es como el martes 13, pero para los irlandeses es el día de los solteros; este es de los pocos países que celebran el año bisiesto.

En el calendario de Julio César, bisiesto era un día extra intercalado entre el 23 y el 24 de febrero y al adoptarse el calendario gregoriano por el Papa Gregorio XIII en 1582, ese día agregado comenzó a ubicarse al final del mes de febrero. Bisiesto viene del latín bis sextus que quiere decir dos veces sexto, y la clave para calcular cuáles son los años con tal característica es sencilla: son los años divisibles por cuatro.

El punto es que en el 2020 nos llegó la pandemia del coronavirus que le ha causado la muerte a 1.86 millones de personas en el mundo y en Colombia ya se registran más de 44 mil fallecimientos por su causa. Esta circunstancia excepcional ha aumentado la superstición sobre la mala suerte que traen los años bisiestos para la humanidad. Lo cierto es que el año 2020 trajo desazón, angustia e incertidumbre y mucho dolor a los familiares próximos del virus letal.

La pandemia del coronavirus marcará nuestra generación por la desesperanza que nos produjo. La economía desaceleró su ritmo en el mundo, produjo un desempleo galopante y muchos trabajadores colombianos vieron disminuidas las posibilidades y oportunidades de ganarse el sustento diario de su familia a pesar de los esfuerzos gubernamentales por brindar ayuda con las medidas que se han venido adoptando.

En el 2021 hay que recobrar el aliento y mantener viva la esperanza en el pronto regreso a la normalidad con la campaña de vacunación que se anuncia. Mejores días están por venir. Ojalá en el año que comienza los aspirantes presidenciales, que ya comienzan a perfilarse, puedan disminuir la agresividad que tanto daño está haciendo en el debate público para poder afrontar con responsabilidad los retos que demanda la Colombia del presente y del futuro. Hay que mermarle  a los ideologismos, a la estigmatización sobre los ejes izquierda – derecha para poder ver los problemas colombianos desde una perspectiva más realista. Hay que superar los efectos letales de la pandemia con unas solidaridades básicas. Si hacemos un cotejo de las medidas que han adoptado los diferentes países del mundo tenemos que concluir que las autoridades del ramo en nuestro país han hecho los esfuerzos que las posibilidades institucionales han permitido.

Aprovecho para desearles a los amables lectores de esta columna un  año nuevo lleno de optimismo y esperanza.

*ExDefensor del Pueblo 

 

También podría gustarte