Crisis de la democracia y opciones centristas

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Los hechos presenciados esta semana en la invasión por fanáticos derechistas al Congreso norteamericano, irrespetando las instituciones y su simbología y facilitado por una cierta inacción de las autoridades burocrático-policiales, para supuestamente ‘protestar’ ante la derrota del presidente Trump en su intento reeleccionista, es un momento más de lo que podríamos decir un debilitamiento y cuestionamiento progresivos de la democracia. Porque hace rato y en distintas sociedades, se vienen dando expresiones en la misma dirección.

En América Latina desde los años 90s del Siglo pasado, los Presidentes en varios países, una vez elegidos buscaron cambiar las reglas de juego para mantenerse en el poder haciéndose re-elegir. Adicionalmente la tentación de desconocer el equilibrio de poderes, propio de la democracia, y suponer que el ejecutivo podía atropellar a los otros poderes, ha sido igualmente una tendencia.

Y claro, no es que la democracia sea una forma de gobierno perfecta, por supuesto que no, pero no hay duda que hasta el momento ha mostrado ser la menos mala. Pero es evidente que se van a requerir modificaciones para fortalecerla, que por supuesto deberían ser altamente consensuadas.

Es frente a esta situación de crisis, que muchos creemos que es necesaria la elección de gobernantes y partidos de centro, que a diferencia de lo que algunos opinan, de buena o mala fe, no se trata de opciones políticas sin opinión ni posición, por supuesto que no, sino de opciones que parten reconociendo y respetando la realidad y diversidad política, las reglas de juego propias de la democracia, que no es solamente el respeto de las mayorías, sino igualmente el derecho de la minoría a ser oposición y la división de poderes, sin pretender invadir las esferas, ni del legislativo, ni del judicial, ni de los organismos de control. Esto implica, en un régimen presidencial como el nuestro, que quien sea elegido Presidente debe estar dispuesto a trabajar con el Congreso –por eso lo importante de elegir también un buen legislativo-, a respetar las decisiones de los organismos judiciales y de los órganos de control.

Ahora bien, esto no significa que tanto en la izquierda como en la derecha política, existan líderes que igualmente se comprometan, de palabra y en los hechos, a respetar las reglas de la democracia –distinto a las posiciones extremistas-, pero estoy convencido que en la franja política del centro es donde hay mejores posibilidades de contar con esos nuevos liderazgos, necesarios para el hoy y el ahora. Porque no se necesitan en los tiempos actuales, líderes simplemente con habilidad discursiva y con pretensiones caudillistas –que luego se vuelven un problema porque se consideran a sí mismos como los ‘salvadores’ indispensables-; el líder para los tiempos actuales debe ser uno con capacidad de coordinar equipos de trabajo antes que mandar, dispuesto a construir sinergias, con gran capacidad de escucha, que entienda que el liderazgo actual es uno de tipo más horizontal y que se trata de pensar y ejecutar proyectos colectivos de mediano y largo plazo, pero para eso no se requiere la permanencia de una misma persona al frente.

Se necesitan más Joe Biden y Obamas que Trumps, si pensamos en USA. Y esos roles acá los podrían desempeñar, con lujo de competencia, líderes como Humberto de la Calle, Sergio Fajardo, Alejandro Gaviria, Juanita Goebertus, Juan Camilo Restrepo, Juan Manuel Galán, Ángela María Robledo, entre otros nombres, pero que adicionalmente tendrían la capacidad de construir relaciones y eventualmente acuerdos con sectores de la izquierda y la derecha que tengan la disposición de articular relaciones de trabajo alrededor de proyectos compartidos en función del país.

*Profesor universitario 

 

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