¿Bloqueo a la democracia? 

En un mundo atrapado por el consumo obsesivo de redes sociales, absorto en los contenidos,  sometido a asaltos de inmediatez emocional a través de imágenes y sonidos estridentes, transmitiendo segundo a segundo noticias-espectáculo, donde cada político para poder registrar busca primero impactar, la democracia tal como la conocimos parece destinada a extinguirse

El  extravío de la verdad no parece preocupar a nadie. Creen que ya no es necesaria. Es mejor parecer que ser. Basta que una información parezca verdad para que lo sea o que una mentira bien maquillada para el show mediático se convierta en “verdad”. Y los hombres públicos con más habilidades para la función, los más histriónicos, no siempre son los mejores gobernantes. Y muchos de los más preparados aceptan convertirse en títeres de sus asesores de imagen o están condenados al ostracismo. Lo importante es captar multitudes de “fans” en vez de electores.

Si lo sucedido en la democracia estadounidense en la era de Donald Trump no fuera tan grave y con consecuencias tan funestas, nos podríamos sentar como espectadores de la más original de las comedias, que deja al desnudo la fragilidad e ingenuidad de esta forma de gobierno. Es como si el imperio de la comunicación impuesta por las redes, bajo apariencias de libertarias, hubiera llegado para acabar con ella.

La toma del Capitolio por fanáticos armados es fatal, más grave aún que si le hubieran impactado con un misil. Los enemigos de la democracia, en el mundo, deben estar aplaudiendo desde sus tronos autoritarios, al igual que todo el que aspira a tomarse el poder haciendo tabula rasa de lo existente.

Son múltiples los análisis. Por ejemplo, si hubo fraude en las elecciones americanas, posiblemente nunca lo sabremos. La “locura” de Trump incitando a sus seguidores hasta la violencia no tendrá perdón. Ya la Cámara presentó resolución de juicio político por “incitación a la insurrección”. Se impone el desaparecerlo del escenario político, no permitir la impunidad y dejarlo sin posibilidades a futuro. Pero, ¿se puede borrar del mapa el voto de 75 millones de personas? ¿Basta que las redes sociales bloqueen a Donald Trump y a sus afines? ¿Sus seguidores se quedarán cruzados de brazos? ¿Son los propietarios de las redes la máxima autoridad en la democracia? ¿Por qué no han hecho lo mismo con los grupos terroristas y subversivos que usan hoy las redes a sus anchas para movilizar e incitar a la violencia?

En este caso, queda claro que el poder real para dirimir controversias que antes se definían en las urnas o en debates civilizados, ahora se resuelven en las calles o por los propietarios de las redes, que como amos y señores de los medios modernos de comunicación, deciden a su antojo quién puede acceder y quién no a las “plazas públicas modernas”: las redes. La libertad de prensa es para todos, aunque se llamen Trump. Y, como si fuera poco el poder político que detentan de hecho, ahora redes como Whatsapp,  notifican que todo lo de los usuarios les pertenece. Primero los cebaron y ahora pretenden gobernarlos. Sería como reemplazar la Constitución de EE.UU. por los reglamentos comerciales de las redes sociales.

*Periodista*Defensora de DD.HH. 

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