Lo que hemos perdido como ciudad

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Los asuntos todos atinentes a nuestra ciudad deben y tienen que cambiar para bien, lo que implica que a lo público es necesario que lleguen personas con demostrado sentimiento de pertenencia para que todo se dé en procesos de positiva transformación y no de profundas decepciones, como vemos nos ha venido sucediendo en distintos aspectos. Entre nosotros los tiempos han dejado negativas improntas, que van heredando retrocesos en las presentes y para las futuras generaciones.

No se ha entendido, que ciudades y territorios deben ser espacios de transformación, de sana convivencia, de hacer conciudadano. Suma de personas y de las relaciones que entre todos se producen, tales como necesidades, afectos, amores y desencuentros. Tienen que ser ellos hoy más que nunca, espacios donde han de manifestarse con realidad mayor, aceptaciones, contradicciones, vicisitudes y consecuencias; más no, lugares donde deban darse las ruindades de un sistema económico que en esencia vomita inequidades y desigualdades, al poner al beneficio económico por delante del bienestar de las personas, de la sostenibilidad, de la función social de la propiedad, de la integración y la cohesión social; lo que arruina, despoja, arrasa, demuele y empobrece el pasado y el presente sin pensar en el futuro; amén de generar desasosiego ante la falta de las soluciones mejores que no emergen, como tampoco las recuperaciones, ni surgen movilizaciones ni organización de ciudadanos en procura de subrayar los problemas, contribuir a hacer una mejor sociedad y por ende una mejor ciudad.

Espacios donde recuperar debemos lo político, la democracia y reinventar lo público para fortalecerlo. Escoger bien a quienes habrán de representarnos. Propender porque revertida sea la galopante corrupción que nos agobia, así como las malas políticas y las peores mañas que hacen a nuestra colectividad cada vez más desigual e injusta. Obligados estamos a reaccionar y reflexionar. Ser más veedores. Abrir los espacios y hacer que se abran las instituciones comunes para que entren nuevos y purificadores aires con propuestas y soluciones. Revisarnos. Preguntarnos como ha sido posible que hayamos perdido tantas cosas y conquistas buenas y mejores, lo que deberá ser en adelante tarea de todos en la búsqueda y procura de la gran restauración y reconstrucción que con carácter urgente necesitamos.

Muchos logros y realizaciones lamentablemente hemos perdido. Es posible que en los señalamientos que a continuación hago peque de romántico, pero avasallan los recuerdos e inunda la nostalgia. No está más la Lotería del Libertador. El Banco Bananero. La Fábrica de Licores. La Gota de Leche, el periódico La Época. la emisora Ondas del Caribe. La identidad del fútbol samario. Cerrado quien sabe hasta cuándo y en franco deterioro el estadio de fútbol Eduardo Santos. La carrera primera. El estadio de béisbol Rafael Hernández Pardo, demolido sin sentido. El Festival Vallenato que iniciados fueron en nuestros cercanos municipios de Aracataca y Fundación. Los Carnavales, migrados a Barranquilla, donde lo convirtieron en patrimonio cultural e inmaterial de la humanidad. La identidad e importancia nacional e internacional de la Fiesta del Mar. Sin equipo de fútbol profesional en la primera división. Idos El Cesar y La Guajira, hoy departamentos. La Estación antigua del Ferrocarril. La natural belleza de la bahía de Santa Marta de amplia playa, fina y blanca arena. El reconocimiento por el buen hablar y la educación del samario.

El Rodadero de arena como atractivo y entretenimiento. Los teatros en el centro de la ciudad. El respeto por el Centro Histórico. Estamos perdiendo los cerros, empezando por el de la calle 22 con avenida de los estudiantes; y otros dejados invadir impunemente gracias a la ineptitud de nuestros gobernantes anteriores y actuales. Pérdida de representatividad política en el Congreso. La casa correccional de menores. El hospital antituberculoso o del tórax. Hasta ahora el teatro Santa Marta en lenta restauración. La Casa de la Cultura. La Banda Departamental de Música. La clínica Santa Marta, entre las carreras tercera y cuarta con avenida Santa Rita. Desaparecida de la Sociedad de Amigos del Arte. El cementerio Hebreo, donde se enterraban sólo judíos y hombres libres (Masones). El Ancón, que bien pudo ser reubicado. Los teatros La Morita y El Colonial, que en carnavales fungían como salones de fiestas, el primero de ellos bajo el mando de mi padre Ángel Emilio Ceballos Núñez (Q.D.E.P). El tramo urbano del río Manzanares. Las retretas semanales del Parque de Los Novios. El disfrute de la avenida Campo Serrano y muchos sitios que de seguro se me escapan; y lo que es peor e imperdonable por demás, la pérdida del sentido y sentimiento de pertenencia por parte del samario en un claro dejar destruir, dejar perder y dejar pasar. ¿Hasta cuándo?  [email protected]  *Jurista.

 

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