Novena a Nuestra Señora de Los Remedios

ACTO DE CONTRICIÓN

Con todo el amor os amo, oh Jesús mío, por ser quien eres bondad infinita. Me pesa haber pecado y propongo nunca más ofenderte, ayudado de tu gracia, que imploro confiadamente. Gracias te sean dadas eternamente por la misericordia con que tratas a los pecadores, dándoles una Madre tan buena, como la advocación de la Virgen de Los remedios.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

  Dios te salve, Soberana Virgen de Los Remedios, benignísima Madre de Dios, estrella resplandeciente del mar, luna hermosísima sin las menguantes de la culpa y escogida como el sol, para iluminar las almas y colmar de favores a la humanidad.  Dios te salve, fidelísima María, Madre nuestra y remedio poderoso en nuestros males y quebrantos. Dios te salve, Virgen llena de gracia, pues siendo Madre de Jesús, Cordero Divino, lo apacentaste con cándido sabroso néctar, quedando siempre más pura y limpia que los más encumbrados serafines,

 Dios te salve, Señora: Oye bondadosa nuestros ruegos y súplicas; míranos propicia, pues como amada advocación nuestra, queremos, en esta novena, tributarte el tierno y cordial obsequio de nuestro filial amor. Ruega por nosotros, Madre de Los Remedios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

DÍA CUARTO

La cuarta palabra que el Arcángel dirigió a María: El Señor está contigo, oh Virgen Santa de los Remedios, como en su magnífico templo; está en Ti, como en su augusto palacio, donde se crearan los profetas, coronan los apóstoles,  honran los mártires, alegran los serafines y demás espíritus bienaventurados; el Señor está en Ti, Madre de la vida, camino real de la gracia, lecho florido de celestiales aromas, donde se descansó el verbo eterno. Habiendo determinado Dios hacerse hombre para redimir al hombre, perdido por el pecado, y teniendo para ello que elegir Madre, buscaba entre las mujeres la más santa y humilde de todas ellas. Halló a esta Señora, tanto más sencilla y humilde, cuanto más perfecta y colmada de todas las virtudes. Estaba Ella suspirando en su retiro, con más ardor que nunca y deseando la venida del redentor del mundo, cuando de repente se le presenta el Arcángel San Gabriel y le dice: El Señor es contigo.

Oh María, Madre piadosísima, que ya el Señor está contigo, alcanzadnos a todos los que te amamos, que no perdamos nunca la divina gracia y que podamos gozar de su compañía por toda la eternidad. Amén. (Medita y pide la gracia que deseas obtener en esta novena)

ORACIÓN FINAL

Oh Virgen de Los Remedios, la más pura, la más bella, la más santa de todas las criaturas. Quién pudiera lograr que todos los hombres te conozcan y amen como Tú mereces. A lo menos, yo me alegro al pensar en el gran número de justos que se sienten inflamados de tu amor, oh amable Reina.   Yo te amo también; mas no te amo como debiera, y quisiera tenerte un amor más tierno y generoso, pues amarte es señal de predestinación. Deseo que me alcances la gracia de amar a Tu Divino Hijo, con todo el ardor de mi corazón, de consagrarme todo entero a su gloria y a la tuya. Oh María, amable Madre mía, no ceses de rogar por mí, hasta que me vea seguro  de poseer y amar a Dios, junto contigo, por toda la eternidad. Amén. A continuación se continúa con los gozos para finalizar.

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