Novena a Nuestra Señora de Los Remedios

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ACTO DE CONTRICIÓN

Con todo el amor os amo, oh Jesús mío, por ser quien eres bondad infinita. Me pesa haber pecado y propongo nunca más ofenderte, ayudado de tu gracia, que imploro confiadamente. Gracias te sean dadas eternamente por la misericordia con que tratas a los pecadores, dándoles una Madre tan buena, como la advocación de la Virgen de Los remedios.

Oración para todos los días:  Dios te salve, Soberana Virgen de Los Remedios, benignísima Madre de Dios, estrella resplandeciente del mar, luna hermosísima sin las menguantes de la culpa y escogida como el sol, para iluminar las almas y colmar de favores a la humanidad.  Dios te salve, fidelísima María, Madre nuestra y remedio poderoso en nuestros males y quebrantos. Dios te salve, Virgen llena de gracia, pues siendo Madre de Jesús, Cordero Divino, lo apacentaste con cándido sabroso néctar, quedando siempre más pura y limpia que los más encumbrados serafines, Dios te salve, Señora: Oye bondadosa nuestros ruegos y súplicas; míranos propicia, pues como amada advocación nuestra, queremos, en esta novena, tributarte el tierno y cordial obsequio de nuestro filial amor. Ruega por nosotros, Madre de Los Remedios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

DÍA SEXTO

La sexta expresión del Ave María es: “Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Oh María, el pliego de gracias que atesora tu corazón, reconoce por centro a Jesús, fruto bendito de tu purísimo vientre: Tú eres el cedro del Líbano, el ciprés del monte Sión, la paloma de Cádiz, la oliva santa y la escogida como el sol, porque has dado el fruto de la vida eterna.

Tu eres hermosísima aurora, llena siempre de divina luz, arca de salvación, libre del general naufragio del pecado; jardín cerrado, recreo del Señor; fuente sellada, que jamás enturbió el aliento del enemigo; Azucena cándida, pura y fragante, que escogió el altísimo para Sí; nube benéfica de celestial rocío, que fertilizó el campo de nuestras almas con la gracia, porque Tú, y solamente Tú, nos diste frutos de bendición, dándonos a Jesús, nuestro Salvador.

Oh, María, si la bondad del fruto da a conocer la naturaleza del árbol, ¿Cuáles serán tus perfecciones, pues nos diste un fruto tan celestial? Te bendiga en todas las naciones y no permitas, madre amabilísima, que nosotros hacemos de repetir noche y día. Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Amén. (Medita y pide la gracia que deseas obtener en esta novena)

ORACIÓN FINAL 

Oh Virgen de Los Remedios, la más pura, la más bella, la más santa de todas las criaturas. Quién pudiera lograr que todos los hombres te conozcan y amen como Tú mereces. A lo menos, yo me alegro al pensar en el gran número de justos que se sienten inflamados de tu amor, oh amable Reina.   Yo te amo también; mas no te amo como debiera, y quisiera tenerte un amor más tierno y generoso, pues amarte es señal de predestinación. Deseo que me alcances la gracia de amar a Tu Divino Hijo, con todo el ardor de mi corazón, de consagrarme todo entero a su gloria y a la tuya. Oh María, amable Madre mía, no ceses de rogar por mí, hasta que me vea seguro  de poseer y amar a Dios, junto contigo, por toda la eternidad. Amén. A continuación se continúa con los gozos para finalizar.

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