La alianza, de nuevo

Acá no valen las vanidades, los egos, las aspiraciones personales. Todas deben estar subordinadas al fin último de no elegir un nuevo gobierno del santismo y de la izquierda. Si se elige acá el continuismo, un gobierno de “transición”, nos aguardará algo cada vez más parecido a los vecinos.

¿Demagogia dirigida a asustar? Nada de eso. Basta mirar los hechos: desconocimiento del valor del voto y de las mayorías, manoseo grosero de la Constitución, subordinación del Poder Legislativo al Ejecutivo, cooptación de las altas cortes, manipulación ideológica de la administración de justicia, impunidad para los cercanos y persecución política y judicial implacable de los contradictores, la mentira como discurso oficial, centralismo exacerbado y abuso del presupuesto como instrumento electoral y de presión a las autoridades departamentales y municipales, desmantelamiento doctrinal y operacional de las fuerzas militares, corrupción desbordada, enquistada en la estructura gubernamental y liderada desde la Presidencia, connivencia con el narcotráfico. Se dirá que hay diferencias, y es verdad, pero que en Venezuela lo descrito suceda en grado superlativo no significa que acá no ocurra. Los hechos muestran el tamaño de la crisis y de los riesgos.

Así que si queremos frenar la “venezuelización” es indispensable ganar. Primero, las parlamentarias. Sea quien sea el próximo presidente, es fundamental que el mayor número de senadores y representantes esté comprometido con la República y con el libre mercado. O para gobernar o para hacer oposición, son indispensables.

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Después, las presidenciales. Y en ellas la clave serán las coaliciones. En un panorama de fragmentación aguda, no hay candidato ni partido capaz de ganar solo. Es indispensable una alianza. La coalición natural del centro a la derecha está en los que compartieron la gesta heroica del triunfo del No en el plebiscito. El Centro Democrático (CD), los ex presidentes Uribe y Pastrana, Marta Lucía Ramírez. Pero también Alejandro Ordóñez. Dejarlo por fuera sería un error imperdonable. Y sumamente costoso. Ordóñez, además, ha recogido sectores importantes de conservadores, de la reserva activa de la Fuerza Pública y de los grupos católicos y cristianos, sin los cuales el triunfo es improbable.

El discurso de que la alianza es desequilibrada porque ni Pastrana, ni Marta Lucía, ni Ordóñez tienen partido ni fuerza parlamentaria olvida lo importante: primero, que el adversario no está adentro sino afuera: y, segundo, que sin ellos el CD es solo la más grande de las minorías. El CD sin coalición no tiene garantía siquiera de pasar a la segunda vuelta.

De manera que la alianza no solo es deseable sino que es indispensable. Hay que trabajar con prudencia, respetar a sus líderes, tratarlos con cuidado, dar garantías a todos. Tener siempre presente el fin último, los más altos objetivos de la Patria.

Abogado.