Servidor público

Carlos Holmes Trujillo heredó de su ilustre padre la pasión por la política, su liberalismo y su condición de orador. Es que en la época se hacían concursos de oratoria y él se distinguió en ese campo. Como se ha dicho ya tantas veces en estos días Carlos Holmes hizo una carrera en el servicio público que no creo que nadie pueda emular.

En Colombia ocupó cargos de primera línea en todos los niveles, municipal, departamental, nacional. Trabajó en el Ejecutivo, en el Legislativo y en el nivel ministerial, como si él mismo hubiera escogido las carteras, ocupó: Educación, Gobierno Interior, Relaciones Internacionales y Defensa. En el campo diplomático diría que con excepción de África, trabajó en los continentes más importantes. Igual en los países nórdicos, que en Rusia, en la Unión Europea que es la organización multilateral de Europa Occidental, en Japón, en la Organización de Estados Americanos que recoge a todos los países de los Estados del hemisferio con excepción de Cuba.

No recuerdo un canciller que hubiera tenido esa experiencia tanto doméstica como internacional, en lo bilateral y en lo multilateral. No me sorprendió, entonces, que el Consejo de Seguridad en su declaración el 28 de enero hubiera agradecido el papel de Carlos Holmes Trujillo en las tareas de este organismo para la implementación del acuerdo de paz.

Así como le correspondió evaluar las posibilidades para un proceso de paz, también tuvo que ocuparse en el último año de su vida de contrarrestar los factores que no le han permitido a Colombia encontrar el camino expedito del progreso. Lidió internamente con el problema criminal de las drogas. No se ha dicho pero le interesaba tanto que cuando ya estaba terminando su tarea diplomática en Bruselas, aspiró a la dirección del organismo de las naciones unidas relevante en esta materia. Estuvo a punto de lograrlo pero una gestión de última hora de Rusia frustró esta aspiración. Por eso no me extrañó que definiera el tema de las drogas ilícitas como el principal en Colombia como quiera que alimenta y exacerba todos nuestros problemas, principalmente el de las organizaciones ilegales armadas. Como dijo su antecesor, Guillermo Botero, a más coca menos paz. Y se podría añadir menos gobernabilidad democrática.

Como Canciller tuvo que ingeniar mecanismos diplomáticos como el Grupo de Lima o el cerco diplomático. Todavía el mundo se pregunta, perplejo, cómo podría superarse una situación tan deplorable como la que vive nuestra república hermana.

Lo conocí en Europa, de vez en cuando intercambiábamos opiniones sobre los temas internacionales y así mantuvimos una amistad intelectual. Nunca nos pusimos una cita pero en los pocos encuentros ocasionales, la conversación siempre giraba en torno de temas centrales como el plebiscito del 2016 o el proceso de selección para las candidaturas presidenciales o asuntos tan complejos como el del proceso de paz en varios foros que él promovía en la Universidad del Rosario.

Me distinguió como uno de sus tres delegados en el consejo de la academia diplomática. Como si supiera que yo había promovido el primer centro de estudios internacionales, por allá en 1984, con la invaluable ayuda de Rodrigo Pardo y Juan Tokatlián. Creo que su recorrido como servidor público es ya impensable para alguien que aspire a la Presidencia de la República. Carlos Holmes Trujillo la merecía.

*ExMinistro de Estado. 

 

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