Entre grandezas y miserias

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Las grandes farmacéuticas del mundo, que hicieron un esfuerzo enorme para obtener vacunas exitosas contra la pandemia del Covid-19 que azota al mundo, y que ha causado millones de muertes, se vieron ampliamente reconocidas por toda la comunidad internacional, frente a la respuesta exitosa de sus vacunas para detener el flagelo y de esta manera abrir la esperanza para que la humanidad entera pueda recuperar la normalidad, y de esta manera afrontar los desafíos de subsistencia y crecimiento.

Pero todo parece indicar que, frente a la grandeza del éxito, ha aparecido paralelamente la codicia y el marcado deseo de acumular riqueza a costa del desespero de la población mundial, que se debate entre la subsistencia y la muerte. Es decir, ha aparecido la miseria en el fondo de la conciencia.

Desde antes de ser autorizadas las vacunas por las autoridades sanitarias, esas multinacionales de la farmacéutica comenzaron a diseñar toda clase de contratos, para ser ofrecidos al mejor postor, con el ánimo de disparar sus ingresos monetarios y han colocado sus hallazgos, en posición preferente, a disposición de quienes pueden pagar más, desatendiendo elementales principios de solidaridad y justicia, que un caso esencialmente humanitario exige. Es decir, mostraron el cobre y la cima la convirtieron en sima.

Esto ha significado de los laboratorios fabricantes estén incumpliendo los compromisos porque están favoreciendo al mejor postor; esta es la razón por la cual los Emiratos Árabes ya han vacunado casi la totalidad de la población, y que Israel ya tenga el 60% de sus habitantes con la respectiva dosis. A su vez se ha denunciado un favorecimiento para Inglaterra que ha hacho retrasar todos los pedidos, incluidos los del resto de Europa, en donde no han llegado el 60% de las vacunas esperadas.

A todas estas, para los países de economía mediana o baja, el escenario ha sido de angustia. Algunos ya han podido comenzar con grupos muy bajos, otros esperan, como Colombia, iniciar a partir del 20 de este mes, apenas con los mayores de 80 años, y comienza a observarse una enorme incertidumbre, pues estamos en el grupo de países que no contamos con una economía robusta que pueda ofrecer más dinero a las farmacéuticas, para que los pedidos lleguen a tiempo. Seguramente aparecerán argumentos traídos a última hora para tratar de justificar incumplimientos, mientras las cifras de la vacunación mundial continuarán mostrando ese enorme desequilibrio, con un claro favorecimiento que implica el enriquecimiento desbordado e incalculable de los laboratorios fabricantes.

La OMS tendrá que actuar de manera oportuna y eficaz, y con mucho liderazgo y firmeza, para evitar esta horrible inequidad, a expensas de las ambiciones de las grandes empresas productoras de vacunas, que han visto crecer como la nieve sus utilidades, así como el precio de sus acciones en los mercados de valores.

*Abogado

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