ELN: Las reflexiones que deja una alerta de atentado

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En una situación que resultaba inédita, el embajador de Cuba en Colombia, José Luis Ponce, advirtió esta semana al Gobierno Nacional de un posible atentado terrorista que estaría preparando el ELN.

Aunque a la larga el diplomático no contaba con mayor información sobre el supuesto plan, los organismos de seguridad redoblaron de inmediato las medidas para evitar cualquier ataque, teniendo en cuenta que una amenaza de este tipo no se puede dejar de tomar en serio, más con un grupo que en el pasado ha provocado mucho dolor y destrucción en el país.

Los líderes del grupo guerrillero, como sería de esperar, salieron a desmentir cualquier conocimiento sobre el hecho y a negar que este atentado hiciera parte de sus planes militares, pero todo lo ocurrido con esta alerta sí deja interrogantes sobre cuál es la situación actual del ELN y su capacidad para llevar a cabo un atentado de esta magnitud.

Un primer hecho que se advierte es el crecimiento que el grupo ha tenido en su número de hombres.

Desde 2016, de acuerdo a un informe de la fundación Ideas para la Paz, el número de sus integrantes ha aumentado de 1.505 a cerca de 3.000. Es decir, un crecimiento del 78%, que ha sido paulatino año tras año y al cual se le deben sumar otros 2.541 miembros que hacen parte de sus redes de apoyo.

Sus hombres se dividen principalmente en los Frentes de Guerra Oriental, Occidental y de Guerra Urbana, siendo el primero el más beligerante de todos, pues se estima que cuenta con aproximadamente mil hombres, de los cuales el 50% está en Venezuela y un buen número son jóvenes nacidos en ese país.

Estos frentes se ubican principalmente en los territorios por donde entra y sale la droga y tienen fuertes enfrentamientos con otros grupos armados ilegales y facciones criminales como el `EPL´, el `Clan del Golfo´, los `Rastrojos´ y las `Disidencias de las Farc´. Estos combates han aumentado considerablemente desde 2019 en los departamentos de Norte de Santander, Cauca y Chocó.

En estos territorios también aumentaron las acciones armadas de baja intensidad como hostigamientos y emboscadas.

El experto en seguridad Jhon Marulanda asegura que si bien la mayor fortaleza del grupo es rural, mantiene “la capacidad de instalar un carro bomba en un sitio neurálgico o crítico, particularmente de las Fuerzas Militares y de Policía”.

Algo que dificulta el control de sus acciones es que en el pasado, el grupo ha operado tanto con células urbanas, como con guerrilleros más experimentados que llegan desde las regiones en donde el grupo es más fuerte.

Eso fue lo que ocurrió en el atentado contra la Escuela de Cadetes General Santander que dejó 22 personas muertas y 68 heridas. El ataque fue perpetrado por una célula que venía desde Arauca.

LAS IMPLICACIONES POLÍTICAS

Pero más allá de lo militar, lo ocurrido esta semana, plantea interrogantes sobre la situación política del ELN, a los que seguramente será necesario seguirle la pista en las próximas semanas y meses.

En primer lugar, la situación de Cuba. ¿Por qué ese país, pese a no tener información detallada sobre el posible atentado, decide alertar al Gobierno colombiano?

Obviamente, la principal razón es humanitaria, evitar la pérdida de vidas que puede representar un atentado, pero también es claro el interés de ese país por desmarcarse de cualquier actividad terrorista, especialmente en un momento en que la llegada de un nuevo presidente a Estados Unidos puede significar un cambio en las relaciones con la potencia que los ha hecho objeto de sanciones desde la guerra fría.

Así lo reconoce el director del Centro de Estudios en Seguridad y Paz, Néstor Rosania, quien cree que  hay un “agotamiento por parte de este país con un proceso que está muerto y que realmente les está causando grandes costos políticos”.

Desde enero del 2019, fecha del atentado contra la Escuela General Santander, los negociadores del ELN, en el interrumpido proceso de paz, siguen en Cuba, sin que se haya resuelto las negociaciones ni tramitar su regreso a Colombia.

El otro interrogante tiene que ver con la situación interna del ELN. De tiempo atrás se ha afirmado que hay una división en ese grupo, entre el ala militar, encabezada por alias ‘Pablito’, del Frente de Guerra Oriental, que, según la carta del embajador cubano, es el que estaría detrás del supuesto atentado, y el ala política, cuyos principales miembros son los que permanecen en Cuba.

Aunque el grupo guerrillero negó esta división, el hecho de que los miembros del denominado Comando Central (Coce) desconocieran cualquier información, genera sospechas sobre qué tanto control tengan sobre lo que pasa en el grupo.

Y siendo así, tendrían la capacidad, desde Cuba, de impedir que el ala militar emprenda acciones de este tipo o, como lo observan algunos analistas, ¿esa es precisamente parte de un juego perverso que consiste en mostrar una cara con los negociadores que están en Cuba y otra con los comandantes que se refugian en Venezuela?

BOGOTÁ (Colprensa)

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