La carestía de la vida en Rusia atiza descontento político

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Desde el comienzo de la pandemia de coronavirus, cada vez hay más gente que acude al convento de Marta y María en el centro de Moscú, sede de una de las asociaciones caritativas más conocidas de Rusia que, entre otros proyectos, reparte comida entre los necesitados.

“Antes de la pandemia teníamos a unas 30 o 40 personas cada día”, explica Yelena Timoshuchuk, una trabajadora social de Miloserdie (Misericordia) a la AFP, desde detrás de una mesa llena de botellas de aceite de girasol, en uno de los edificios blancos del convento.

“Ahora tenemos alrededor de cincuenta o sesenta cada día. Es una carga de trabajo bastante pesada”, agrega.

Muchos de los que hacen fila para conseguir un paquete con harina de sarraceno, azúcar y té son jubilados, pero también los hay que perdieron su trabajo recientemente o que sufrieron recortes de salario.

La pandemia de coronavirus ha dado un nuevo golpe a la estancada economía de Rusia, lastrada por las sanciones occidentales, el descenso de los precios del petróleo y la caída de las inversiones.

Según los observadores, la creciente pobreza, el desplome de la renta y la falta de un apoyo real del gobierno durante la pandemia están atizando el descontento de la población con las dos décadas de gobierno del presidente, Vladimir Putin, y reforzando a la oposición.

Atendiendo al llamado del opositor Alexéi Navalni, encarcelado, decenas de miles de personas protestaron en toda Rusia en las últimas semanas y su equipo planea organizar más manifestaciones de cara a las elecciones legislativas de septiembre.

En los últimos cinco años, la renta disponible de los rusos ha ido en declive, hasta contraerse un 3,5% en 2020, mientras que los precios de los productos básicos no han hecho sino aumentar.

Consciente de la crispación causada por la caída del nivel de vida, Putin ordenó en diciembre a sus ministros que pusieran en marcha medidas para atajar la subida de los precios. /AFP

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