Y dicen ser progresistas

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No entiendo y mucho menos comprendo, cómo siguiendo tesis, ensayos frustrados, gobiernos, ideologías y demás trasuntos definitivamente fracasados a lo largo y ancho de muchas latitudes del mundo, insistan algunos y los sigan otros, en su insistencia de instaurar tales importados desaciertos en nuestro medio, sin tener en cuenta nuestras propias realidades, necesidades, fortalezas, debilidades, amenazas y oportunidades, lo que requiere de trazados particulares dadas nuestras condiciones y connotaciones particulares, así como del análisis a fondo las ventajas comparativas y competitivas que tenemos y podríamos tener.

En verdad da grima que haya quienes se muestren afectos a luchar por los suyos, preocupados por dizque defender democracia, paz, prosperidad, justicia y en general los intereses superiores de sus comunidades, cuando en realidad solo pretenden en la práctica defender lo suyo, mantenerse, justificar sus cargos, sueldos y demás beneficios, sin que les importe el summun social en sus integrales contenidos, lo que vemos ocurre en las administraciones de cada territorio, donde vemos “servidores” justificando su permanencia.

No voy a defender lo privado, pero en dicho sector, el funcionario posee incentivos para generar ahorros, eficiencias y mayores ingresos en la empresa. En lo público es a la inversa. El ahorro y la eficiencia van en contra de los intereses del funcionario público, van en contra de su propio trabajo. Quien busque mejorar y dinamizar el sector público, volver más eficiente su institución, recortar proyectos inservibles, será puesto en su sitio de inmediato.

Uno se pregunta insistentemente cómo puede alguien defender gobiernos fracasados y corruptos; cómo pueden hacer el ridículo alineándose con gobiernos y dirigentes de esa calaña ? la razón siempre es la misma que tienen los afectos a esta clase de gobiernos y los funcionarios públicos que defiende planes, proyectos, programas e instituciones ineficientes o inservibles, con lo que de paso defienden su interés personal, su fuente de ingreso y pare de contar.

El socialismo es sin mientes un gran negocio. Mantiene Estados adiposos y corruptos de los que derivan ingentes sumas sus muy “fieles” dirigentes, políticos, funcionarios, contratistas, arrimados, enchufados y esa cáfila de socialistas internacionales a la que hoy pertenecen tristes personajes que como hienas rondan los presupuestos de los países a los que con su presencia dicen  apoyar y de hecho lo hacen como resultado de los estipendios que por tal reciben a manos llenas, aún a sabiendas que son dichos países Estados desastrosos y por demás fallidos. Están ahí, acompañan, conocen de sobra sus realidades, ven y palpan su miseria, el abandono, los abusos, la corrupción. Pero definitivamente lo suyo no es la defensa de lo justo, sino velar por lo suyo, que es bien jugoso.

Quienes se dicen progresistas solo quieren dinero, comodidades, conforte, reconocimiento, estabilidad para ellos, sus familias y cercanos. Sin socialismo en el poder no obtienen financiación por sus “favores”, sus derivas económicas devienen del éxito de sus patrocinados en las elecciones, de contar con gobiernos botaratas que malgastan el erario para sus dizque, asesorías y consultorías, sus ONGs, asociaciones, fundaciones, “proyectos sociales”, y absurdas como inventadas causas patrioteras. [email protected]

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