¿Nueva estrategia?

No creo que sea imposible anticipar lo que será la política antidrogas del presidente Biden en América Latina y en Estados Unidos con reverberaciones en otros continentes. Días después de su triunfo electoral se divulgó el Informe del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes sobre la Política de Drogas. Entre los seis comisionados había dos de origen colombiano.

En primer lugar, el problema de las drogas pasaría al Departamento de Estado, al Subsecretario de Asuntos Políticos. Habría planes quinquenales internacionales para reducir el tráfico ilegal, para desbaratar las redes criminales y, muy importante, para desestimular el lavado de dinero.

También se buscarían mecanismos más certeros y más eficaces que la descertificación y los embajadores americanos desarrollarán acuerdos con ese propósito. Se introducirán procedimientos de monitoría y evaluación, basados en mediciones cuantitativas y cualitativas. Habrá un compromiso anticorrupción de los gobiernos. La oficina de la Casa Blanca reforzará sus esfuerzos para obtener datos sobre el problema de las drogas. Y el Departamento del Tesoro se fortalecerá para que investigue los crímenes financieros. Se propiciará colaboración en el sector privado.

En el caso de Colombia, se propone que desde el Diálogo de Alto Nivel se propicie una estrategia integral que incluya interdicción, seguridad, desarrollo alternativo que atienda las necesidades de las comunidades afectadas por las organizaciones criminales. El Diálogo desarrollará indicadores que midan anualmente el progreso en cada región y así se corregirán los programas y presupuestos. Se convocará una conferencia internacional que incluya otros donantes, organizaciones multilaterales y sector privado.

Estados Unidos facilitará asistencia a excombatientes en las zonas del postconflicto. Habrá un uso selectivo de la erradicación forzada, aérea o manual y debe concentrarse en las grandes extensiones. Se estima que es más eficaz destruir los laboratorios, confiscar los precursores y un mayor control de los ríos en Nariño. Estimular la construcción de vías terciarias y la inclusión financiera. Y un tratamiento preferencial para los productos de las áreas del posconflicto. Así mismo buscar un modelo como el de Fedecafé para los productos alternativos. Estados Unidos ayudará en la protección de líderes, que con frecuencia son asesinados para evitar el desarrollo alternativo.

A nadie se le ocurriría que una región como Latinoamérica intentara imponerle a la primera potencia mundial el contenido de su política hacia esta región. Pero hay escenarios y maneras para aportar elementos que le den a esa política una dimensión más cercana a las aspiraciones latinoamericanas.

Hay temas que requieren del buen entendimiento entre todos. Los obvios: cambio climático; biodiversidad; estrategias contra las drogas ilícitas; lucha contra el crimen organizado; promoción y fortalecimiento de los derechos humanos; consolidación de la gobernabilidad democrática, La OEA ha dejado de ser ese foro de construcción de consensos.

La Cumbre de las Américas fue un escenario que invitaba a consensos en este y otros asuntos. Infortunadamente, abarcó muchas materias. Y su importancia fue declinando. Esta vez está programada para realizarse en Estados Unidos. La fecha se aplazó para el segundo semestre. Ahora los Diálogos de Alto Nivel permiten consensos bilaterales.

Hay, todavía, un largo camino por recorrer en la construcción de una auténtica solidaridad hemisférica. Hay que perseverar. Es de esperar que ya el Departamento de Planeación, y los Ministerios pertinentes y los gremios hayan venido evaluando esta iniciativa para complementarla y fortalecerla.

*ExMinistro de Estado 

 

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