Los vicepresidentes

A propósito del anunciado retiro de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez se ha debatido no solo quien puede ser su reemplazo sino si vale la pena mantener ese cargo o si se debe regresar a la designatura.

La figura de la vicepresidencia nació en la Constitución de los Estados Unidos cuando los padres fundadores quisieron garantizar un ejecutivo a término fijo y con tal propósito, para no perturbar el normal cuatrienio, previeron un órgano que ante cualquier circunstancia que se presentara en ejercicio de la función antes de concluir el mandato –muerte, renuncia o impedimento permanente—pudiera asumir el cargo y sustituir al titular. En efecto la hipótesis ha ocurrido en varias oportunidades y además la vicepresidencia, en la mayoría de los casos, ha servido para construir el camino para ser candidato presidencial –caso Biden–, y como pretende, entre nosotros, la señora Ramírez.

La función actual del vicepresidente en el país del norte se reduce a ser presidente del Senado, votando solamente en casos de empate.

En los propios Estados Unidos ha sido muy criticada. A quien ocupa ese cargo lo han llegado a llamar “Su excelencia superflua”. John Adams decía: “Se trata de la función más insignificante que el ingenio humano ha podido inventar”, Cuando Thomas Marshall fue elegido vicepresidente durante el gobierno de Wilson, se definió como “un hombre en estado cataléptico” que tenía plena y perfecta conciencia de cuanto estaba sucediendo a su alrededor, pero carecía de herramientas para intervenir.

Una señora relataba que había tenido dos hijos: “Uno fue marino y no supe más de él. El otro fue vicepresidente… y tampoco supe nunca más de él”.

Hay otros que aseguran que para lo único que sirven es para preguntar, todas las mañanas: “¿Amaneció el presidente?

Y aquí la vicepresidenta pregunta todos los días “¿Le prorrogan el período a Duque?”. (Tomado de El Espectador)

*Abogado*Historiador*Periodista 

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