¿Llegó el momento de revisarlo?

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El VAR, que ha sido resistido por una buena parte de quienes integran el mundo del fútbol y defendido a ultranza por los amantes de la tecnología, todavía no termina de convencer y mucho más en países como Colombia en donde su aporte normalmente genera polémica.

En algunas ligas o en torneos de selección se ha ido perfeccionando el trabajo de quienes están frente a las pantallas, pero en otros ha faltado capacitación y algunos elementos que permitan dar claridad a jugadas discutidas.

En Europa el tiempo de revisión de una acción no pasa de más de un minuto o si es muy apretada, 120 segundos por mucho, no así en Suramérica en donde los hombres del VAR se toman su tiempo y luego el árbitro el suyo para tomar una decisión.

En Colombia, a parte del capricho del juez central, existen otras limitantes técnicas que hacen que el funcionamiento de una herramienta diseñada para despejar dudas y evitar al máximo que se cometan error e injusticias, no cumpla su función.

La ayuda tecnológica ha sido duramente criticada porque su aporte antes que ayudar a tomar decisiones acertadas, le complican la vida al árbitro.

Por ello, para solo citar tres o cuatro ejemplos, nadie se explica por qué si Andrés Rojas tenía la posibilidad de revisar el gol que el Pasto le marcó al Medellín con la mano, no lo hizo y por qué tampoco evaluó la acción de pena máxima que le dio el empate 2-2 al ‘Poderoso’.

Rojas, que ha cometido cuatro errores muy notorios en tres partidos dirigidos en las últimas fechas de la Liga BetPlay, continúa siendo tenido en cuenta por la comisión encargada de designarlos jueces centrales porque, al parecer, ellos, o no ven las repeticiones de los partidos o no le creen al VAR.

Caso diferente fue el del pito Carlos Betancur en el partido Millonarios-Nacional porque el VAR no le ayudó en la acción que determinó el gol de la victoria 2-1 a favor del elenco antioqueño, debido a que el análisis de la acción no lo hicieron desde el jugador que convirtió el tanto (Vladimir Hernández), sino del que tiró el centro.

Claro que ese no fue el único error garrafal. También hubo una entrada del defensor central de Millonarios, Andrés Llinás, que daba para expulsión, en la que el VAR intervino y si lo hizo fue para hacerle ver a Betancur que la jugada daba para roja. No obstante, el central solo mostró amarilla.

Esa es una clara demostración de que muchas veces los árbitros atienden el llamado del VAR, más no aplican la norma o la ley como debe ser sino la a su modo de ver consideran es la correcta.

LIMITACIONES

En Colombia son varias las limitaciones que se tienen para el buen desarrollo de la labor del VAR, empezando por las económicas.

Los costos son altos por la cantidad de cámaras, monitores, personal técnico y jueces que se requieren para observar y determinar si una acción merece ser informada al central para que la revise y tome una decisión más acertada.

Acá los recursos son limitados. Es más, en algún momento se llegó a pensar que para este año no se contaría con dicha herramienta porque las arcas de la Dimayor están vacías.

Sin embargo, se hizo un esfuerzo, como lo prometió el presidente de la entidad, Fernando Jaramillo, y se están escogiendo algunos partidos, fecha a fecha, para que los árbitros dispongan de esa ayuda.

Por el mismo factor, el económico, las diferencias entre Colombia y los países europeos es abismal. Mientras allá se trabaja con entre 12 y 15 o más cámaras, en el país solo lo hacen con cinco o siete, lo que dificulta analizar jugadas en diferentes ángulos.

De la misma manera, el número de observadores en el VAR dista entre las ligas europeas y la colombiana, así como su preparación.

Para que el VAR funcione realmente en Colombia se necesita seguir capacitando a todos los que participan para sugerir o en la toma de decisiones.

Para ello se requiere dinero y no lo hay. También urge aumentar el número de cámaras y de árbitros, lo que conlleva a más recursos y por ende a aplazar la posibilidad de que se mejore.

También se debe trabajar con los árbitros centrales para que atiendan las recomendaciones que se les hacen desde el VAR y no tomen decisiones por capricho.

Hasta el momento la experiencia del VAR no ha sido la mejor en Colombia, sí en otros países, aunque de todas maneras se escuchan críticas de entrenadores, jugadores, directivos y analistas arbitrales. Sin embargo, si se logra conseguir los recursos para capacitar a los árbitros de cancha y de VAR, así como aumentar el número de cámaras y agilizar la revisión de las jugadas, se puede convertir en un aliado para que no se sigan cometiendo errores crasos como los ya mencionados.

Esta herramienta llegó para quedarse y Colombia no puede serla excepción, solo que hay que esperar a que se consigan los recursos para implementarla mejor, así como capacitar a quienes intervienen en cada partido.

Los problemas por los malos arbitrajes en Colombia no son nuevos y por ello se esperaba que con la ayuda del VAR se solucionaran. Como no ha sido así, hay que perfeccionarlo y sacarle provecho, solo que se necesita que los árbitros entiendan que es un beneficio para ellos y un bien para el fútbol, en aras de la transparencia.

Ahora bien, la experiencia, aún en los países en donde el tiempo para revisar una jugada es el ideal, en donde hay montones de cámaras y de ojos en los monitos, se siguen presentando reclamos por la actuación de los árbitros y del VAR, en virtud de que siempre existirán diferencias de criterios para determinar quién tiene la razón en cuanto al análisis de una jugada.

En Colombia, por lo pronto toca seguir trabajando con lo que hay, eso sí, teniendo en cuenta de que a pesar de las limitaciones, se puede mejorar y darle una mejor imagen a un arbitraje tan desprestigiado en el que solo un nombre, el de Wilmar Roldán, genera confianza. Los demás que no desprecien la ayuda, poca o mucha, que pueda darles el VAR.

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