Siete Palabras para las familias

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Que las familias, como Iglesia evangelizadas y evangelizadoras, sean en medio de las dificultades, anunciadoras del Evangelio y portadoras del mensaje de Cristo Resucitado. Es la convocatoria para estos días santos.

Con mucha devoción y cumpliendo los protocolos de bioseguridad ordenados por las autoridades locales, la Diócesis samaria realizó ayer el Santo Viacrucis, y el Sermón de las Siete Palabras, el cual estuvo dedicado al Año de la Familia, el cual se celebra este 2021, por directriz del Papa Francisco.

El padre Isidro de Jesús Castro Duque, Administrador Diocesano y párroco de la Catedral Basílica de Santa Marta, entregó ayer este importante mensaje a todas las familias de la ciudad:

“Estamos en el Año de la Familia, y la Diócesis de Santa Marta procura acompañar a todos los hogares para llevarles el mensaje del amor de Dios, ya que este año ha sido marcado por el dolor, por la prolongada agonía de tantos hermanos, y por la racha de dolores que vive la humanidad, se ha hecho evidente nuestra fragilidad y vulnerabilidad. Precisamente las últimas palabras de un ser humano antes de morir tienen una importancia vital, pero mayor aún, si estas palabras son las del Hijo de Dios dirigidas a las familias.

Es clave comprender que, antes de su crucifixión Jesús es llevado al tribunal de Anás, el sumo sacerdote lo envía a Caifás. Están reunidos los pontífices, los escribas, las autoridades del pueblo y el sanedrín en pleno. Todos buscan un falso testimonio para condenarlo. No lo hallan, aunque se presentan muchos testigos.

Las palabras de Cristo en la Cruz son un mensaje de perdón, un signo sublime de misericordia, un ejemplo conmovedor de piedad filial, una manifestación de compasión por el sufrimiento de los hombres, afirmación solemne de su misión y palabras de consuelo en la hora de la muerte.

En este Año de la Familia necesitamos aplicar en nuestras relaciones familiares cotidianas las últimas enseñanzas de Cristo, es decir: ser signos de misericordia y perdón, ser ejemplo de piedad filial, sentir compasión ante el sufrimiento, ser fieles en la misión que Dios nos ha confiado como padre, como madre o como hijo (a), como hermano (a), saber dar palabras de consuelo y esperanza en los momentos aciagos de la vida.  A continuación a partes del Sermón de las Siete Palabras de la Diócesis de Santa Marta:

PRIMERA PALABRA

“Padre, perdónalos”. Reflexión, a cargo del sacerdote Óscar Rendón, vicario parroquial de la Catedral – delegado Episcopal de Liturgia:

“La primera palabra de Jesús en la cruz, pronunciada mientras lo crucificaban, es la petición de perdón para quienes le tratan así: “Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34). Oremos para que haya perdón en nuestras familias, reconciliación entre papá y mamá, amor de los hijos hacia sus padres y viceversa.

Lo que el Señor había predicado en el sermón de la montaña, lo cumple aquí personalmente. Él no conoce odio alguno. No grita venganza. Suplica el perdón para todos los que lo ponen en la cruz y da la razón de esta suplica: “No saben lo que hacen”…

Cuando hemos sido ofendidos o desilusionados, el perdón es posible y deseable, pero nadie dice que sea fácil. La verdad es que «la comunión familiar puede ser conservada y perfeccionada sólo con un gran espíritu de sacrificio. Exige, en efecto, una pronta y generosa disponibilidad de todos y cada uno a la comprensión, a la tolerancia, al perdón, y a la reconciliación”.

SEGUNDA PALABRA

“En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso”. Reflexión, a cargo del sacerdote Mario Arturo Monsalvo. Parroquia San Judas Tadeo – Delegado Diocesano de Pastoral Familiar:

“Uno de los malhechores que estaban colgados allí le lanzaba insultos, diciendo: ¿no eres tú el cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros! Pero el otro le contestó, y reprendiéndole, dijo: ¿ni siquiera temes tú a Dios a pesar de que estás bajo la misma condena? Y nosotros a la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecemos por nuestros hechos; pero éste, nada malo ha hecho. Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu reino. Entonces Jesús le dijo: en verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso” (San Lucas 23 39 – 43).

Al contemplar la escena macabra y frívola del calvario, nos encontramos a muchas personas la mayoría curiosos, amarillistas y hasta un tanto morbosas; que participan del escarmiento público de personas condenadas a una muerte ignominiosa. Pero hay un detalle para resaltar, valorar e imitar, no todos estaban curioseando o cumpliendo una orden de Pilato, había dos que no lo abandonaron, ni siquiera en el máximo del dolor y del suplicio.  Estas personas; lo conocían y lo amaban: eran su madre, María; y Juan, el discípulo amado y fiel.  Eran en ese Gólgota; su familia en la tierra. Esta escena, en este año consagrado a la familia, y llamado “Amoris Laetitia”, nos invita a pensar, contemplar y a reflexionar; que sin duda alguna en los misterios de los designios de Dios, quiso que la salvación llegara a los hombres, a través de la familia como pequeña Iglesia doméstica y célula primordial de la sociedad.

Miremos siempre la institución familia; y muy especialmente en este año, con esperanza y con el ferviente deseo de que ella, sea en verdad, buena nueva de salvación; para la sociedad colombiana y el mundo entero.

TERCERA PALABRA

“Mujer, ahí tienes a tu Hijo. Hijo ahí tienes a tu Madre”. Reflexión, a cargo del padre Augusto Bayer. Parroquia Virgen de Guadalupe:

“Jesús mirando a su Madre desde la cruz dijo: “Mujer, he ahí a tu hijo”. Luego mirando al discípulo amado le dijo: “Hijo, he ahí a tu Madre”. Cada palabra de Jesús es palabra de Dios, y cada palabra en la Cruz es de suma importancia para entender a Jesucristo y su plan de salvarnos del pecado y de la muerte. El pecado y la muerte vienen de la desobediencia de la primera pareja: Adán y Eva; y, la reconciliación con Dios y la Resurrección, vienen de la obediencia de la nueva pareja: Jesús y María. En ellos la relación es de Madre e Hijo. Donde la importancia la tiene siempre el Hijo. Los padres viven para el Hijo. Todos los seres humanos tenemos en común que somos hijos…

Jesús nos enseñó que en la vida íntima de Dios hay familia, hay comunión de personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Toda familia humana está basada en la comunión de la Santísima Trinidad. Así lo expresa el Papa Francisco: “la relación fecunda de la pareja se vuelve una imagen para descubrir y describir el misterio de Dios, fundamental en la visión cristiana de la Trinidad que contempla en Dios al Padre, al Hijo y al Espíritu de amor”.

CUARTA PALABRA

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Reflexión, a cargo del padre Juan José Mercado Salas. Rector del Seminario Mayor San José:

“A primera impresión, quizás pensamos: “¿Dios lo abandonó? ¿Pero acaso Jesús no es Dios? ¿Cómo puede abandonarlo? Y si lo ha abandonado a él, en ese momento, cómo no me va a abandonar a mí?” Muchas otras preguntas que, lógicamente, son válidas si no comprendemos el trasfondo de estas palabras. “Dios Mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Meditando esta parte del salmo podemos entender un poco más acerca de por qué Jesús lo evoca. Él estaba manifestando quién es a cualquier persona conocedora del Antiguo Testamento. Jesús, hasta el último suspiro, continúa revelando su misión y dando otra oportunidad de entenderlo y de creerle.

QUINTA PALABRA

“Tengo sed”. Reflexión, a cargo del sacerdote Dagoberto Rodríguez.  Parroquia Divino Niño.

La Fuente tiene sed. Esta quinta palabra tiene en primer lugar un sentido literal, claro, sencillo. Jesús tiene sed: sed fisiológica, sed de agua, sed de las entrañas abrasadas de calentura. Jesús Tiene la sed de los que padecen una fiebre alta. En los crucificados la fiebre alcanzaba pronto treinta y nueve grados. Sed de los que han perdido mucha sangre; sed de los heridos en los campos de batalla, de los operados en los quirófanos de las clínicas. ¡Tiene la sed propia de quien ha perdido demasiada sangre!

Pero también esta palabra encierra un sentido profundo, más cercano y misterioso. La sed de Cristo es nuestra sed… Es la sed de la familia que atraviesa por el duro desafío de salir de la adversidad; es la sed de los migrantes que atraviesan los océanos buscando bienestar. Es la sed de quienes han conformado en su casa un bello espacio de armonía y de unidad, que en ocasiones se ve perturbado por tantas ideologías que amenazan sin piedad.

Es la familia sedienta que trabaja sin cesar, por la conquista de aquello que un día se ha de acabar y se pierde el horizonte de la Fuente sin igual. Es la sed en nuestras casas que combaten a pesar de los duros tropiezos que los pueden alcanzar. De los padres que no saben cómo poder enfrentar los fenómenos que empañan la armonía familiar.

Un sentido más de esta palabra. La fuente tiene sed. Tiene sed de que tu tengas sed de esa fuente. El Señor tiene sed de que tu tengas sed de Él, porque él tiene sed de ti. El que estaba muriendo de sed, colgado de un madero, gritaba un día: todo aquel que tenga sed, que venga a mí y beba y yo le daré de un agua que salta para la vida eterna.

SEXTA PALABRA

“Todo está cumplido”. Reflexión, a cargo del sacerdote Armando Joaquín Echeona Melo. Parroquia Santa María Estrella del Mar

Jesús dio paso a la muerte porque Él quiso, para que la humanidad entera volviera a gozar de paraíso. Jesús, aunque está pasando por ese amargo sufrimiento de la cruz, experimenta un momento de gozo y satisfacción en esa palabra: “Todo está cumplido”, Jesús culmina con éxito la misión dada por el Padre Celestial.

La obediencia de Jesús al Padre, como el mismo lo recuerda en algunos pasajes de la Palabra de Dios, encierra la respuesta final al plan trazado por Dios, desde la eternidad, para salvar a la humanidad del castigo eterno. En la vida de la Iglesia y de su misión, en la vida familiar y personal, en la vida social en general se han cumplido metas concretas, pero no todo se ha cumplido con perfección; como lo hizo nuestro Señor Jesucristo.

 “Todo está cumplido” no es una palabra para que la guardemos en el cajón de los recuerdos, esperando el momento final de nuestra existencia en este mundo. Se hace necesario que todos los días de nuestra vida nos esforcemos por vivir santamente; agradando a Dios con el pensamiento, las palabras y las buenas obras.

SÉPTIMA PALABRA

“En tus manos encomiendo mi Espíritu”. Reflexión, a cargo del padre Hermínzul Bolívar. Centro de Evangelización San Juan de Dios.

En mis lindas correrías evangelizadoras durante el ejercicio sacerdotal, tanto en las parroquias de los pueblos del Magdalena, como en Santa Marta, siempre he tenido una palabra de ánimo y esperanza para las familias. Pues creo que, si evangelizamos al círculo de papá, mamá y los hijos, garantizamos un presente y un futuro mejor en la Iglesia y en la sociedad, para sintonizar con el magisterio del Papa Francisco en Amoris Laetitia # 31, cuando dice que, “El bien de la familia es decisivo para el futuro del mundo y de la Iglesia”.

Jesús incluso tuvo la audacia de volver oración cada una de sus palabras en la cruz. Así nos da la pauta para convertir en este Año de la Familia, cada instante del hogar, en oración.

Entonces a partir de las directrices del Plan Diocesano de Pastoral, confiemos, encomendemos los hogares a Dios en este Año de la Familia.

 

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