2018, un año para evolucionar

Necesitamos evolucionar, ello es claro. Surtir y cumplir procesos. Ajustarnos a los cambios del mundo actual. Sopesar hasta donde podemos articularlos y adecuarlos a nuestras propias realidades y necesidades. Ser graduales en este contexto y no precipitarnos a adoptarlos por esnobismos sin someterlos a análisis ciertos que generen verdaderas transformaciones, como aquellas que necesitamos en y para la política, que no práctica politiquera en la que hemos caído, toda vez que no producimos procesos sociales de respeto ni envergadura.

Tenemos por ahí una serie de estos candidatos que peroran ser protagonistas de postín, protagonistas históricos, mesías que van a cambiar el futuro de las generaciones presentes y futuras que consideran están en juego. El propósito es cambiar todo aquello que no funciona, más cuando las cosas no han cambiado como se nos prometió ayer y mucho menos, tal como la ciudadanía lo esperaba. Sólo desgastes, propuestas utópicas y decepciones gubernamentales, administrativas, coadministrativas y legislativas.

No aparece nunca entre nosotros el voto de castigo sino el clientelar de la mayor parte del electorado, preocupando en gran medida el afianzamiento del clientelismo, ya que nuestra denominada clase política, ante el terror, que no temor, de perder las elecciones, perder espacio de dominio, prefiere violar sin miramientos la ley antes que gobernar mejor. No aparecen tampoco verdaderas reformas estructurales, solo avasallamientos constitucionales, vulgares imposiciones, demagogia, populismo barato, disfrazado paternalismo y corrupción rampante a la orden del día y de los días como un problema de dimensión más allá de lo estructural de y en nuestro sistema político, que por las trazas que muestra no parece que cederá; y lo que es peor, no hay vergüenza, no hay honor, no le tienen miedo los políticos a la cárcel, al descredito ni al escarnio público.

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De otra parte, vemos como seguimos sumidos (y de pronto sin remedio del inmediato al mediato futuro) en la mar inmensa de la violencia criminal, que se recrea cada día y cada vez más con mayor intensidad y evidente gravedad, generando que la sociedad viva con más miedo e inseguridad que antes. Y que no se diga, como han querido hacerla aparecer, no obstante, la contundencia de guarismos, cifras e índices que a la vista están. Esto es grave sin duda, ya que cuando la ciudadanía se siente amenazada es probable que esté más dispuesta a sacrificar libertades civiles y derechos políticos con tal de sobrevivir, en la certeza que la vida es lo más preciado. [email protected]