HOY DIARIO DEL MAGDALENA
Periódico de Santa Marta

El porqué de la reforma 

El gobierno radicó en el Congreso el proyecto de reforma tributaria que venía estudiando hace tiempos. Es un mamotreto de más de 300 páginas y más de 150 artículos.

Desde antes de presentarlo habían surgido críticas. Por ejemplo, Germán Vargas Lleras había echado una perorata contra la reforma, probablemente porque le habían filtrado o llanamente le habían enviado el proyecto. Pero no fue el único caso. Los sindicatos convocaron el 6 de abril un paro nacional, aunque el proyecto se radicó el 15.

Un integrante del Comité Ejecutivo de la CGT, Efrén Flórez, consideró que la reforma, que no había leído, “es regresiva con las clases menos favorecidas, que van a resultar gravadas en vez gravar el capital” y Jhon (sic) Jairo Díaz de la misma entidad, dijo que la reforma “busca llevar al pueblo colombiano a la miseria absoluta”. El inefable Roy Barreras dijo que la reforma busca “que pague la clase media pero no tocan beneficios ni exenciones a mega ricos”.

Una vez presentado el proyecto, pero sin haberlo leído, muchos lo han criticado. Para mí es claro que a nadie le gusta pagar impuestos. Pero también tengo claras las circunstancias actuales.

El gobierno recibió en 2018 las arcas tamquam tabula rasa, limpias. Y no porque se hubieran hecho grandes obras (excepto Reficar a un costo el triple de lo que se había presupuestado), sino porque durante el gobierno Santos la mermelada estaba muy cara. Y Duque tuvo que hacer una reforma que llamó Ley de Financiamiento que fue declarada inexequible por la Corte Constitucional y fue reemplazada por otra que se llamó Ley de Crecimiento Económico.

Luego vino la pandemia que hizo necesario un esfuerzo financiero descomunal del gobierno para ayudar a los más necesitados. El gobierno creó varios programas de ayuda social para tratar de detener el empobrecimiento, con algún éxito, pero al final, ahora tenemos tres millones más de pobres porque la pobreza aumentó un 6.2% el año pasado y afecta a dos de cada cinco colombianos. El desempleo subió de 9.5% (diciembre 2019) al 17.3% en enero de este año, más de un millón trescientos mil desempleados adicionales. Fue necesario que el Estado financiara los déficits fiscales con endeudamiento, de manera que éste llegó a la escalofriante cifra de casi al 62% del PIB, de los que hay en USD 61 mil millones.

El nuevo proyecto tiene dos objetivos básicos: el primero mantener y hacer permanentes los programas de solidaridad social, especialmente el Ingreso Solidario, el Programa de Apoyo al Empleo Formal, Familias y Jóvenes en Acción, devolución del IVA a los estratos bajos y educación universitaria gratuita para los estratos 1, 2 y 3.  Todo eso reduciría la desigualdad en un 2.3% y la pobreza extrema, que hoy afecta a 5.3 millones de personas, en 6%. El segundo, tratar de equilibrar las finanzas públicas: el déficit fiscal es de 78 billones de pesos, un 7.8% del PIB que crecerá en 2021 al 8.6% y llegará a 110 billones, incluidas amortizaciones de deudas en dólares y pesos.

Habrá cambios, pero la reforma es urgente y hay que conseguir la plata donde la hay: los bolsillos de los que hoy no pagan impuestos, que son la mayoría. De 22 millones de personas que producen, solamente 1.5 millones pagamos impuestos, una proporción infinitamente más baja que la de los países de la OCDE y de América Latina.

Los Roy Barreras y los magistrados, que ganan más de un millón de pesos diarios, van a tener que pensar primero en el país y no en sus bolsillos.

*Abogado  

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