HOY DIARIO DEL MAGDALENA
Periódico de Santa Marta

Fatiga pandémica 

Una gran parte de la realidad, ocasionada por la pandemia, es muy dura de procesar y de asimilar. La conciencia de vulnerabilidad, desconcierto e impotencia va in crescendo como las cifras de contagios y muertes, la palabra apocalipsis ya no suena ajena y los recursos sicológicos y espirituales para manejar el carrusel de emociones negativas son escasos. Es claro que la educación que recibimos y con la que llegamos hasta este momento de la historia, tuvo una gran falencia: no hemos desarrollado herramientas para conocernos y ayudarnos a nosotros mismos, ni a los demás. En el colegio no se enseña qué son las emociones y mucho menos cómo manejarlas. Tampoco somos conscientes del potencial que atesoramos como individuos, con cuerpo y alma, para atravesar la oscuridad de este túnel.

Para el tránsito de las zonas oscuras que aun nos faltan por descender, los líderes de gobierno y religiosos a nivel mundial van a necesitar de mucho más que un enfoque exclusivamente sanitario y en muchos casos ideológico.  Urge educación sicológica y despertar espiritual, que nos convierta a todos los seres humanos en partícipes de la solución, aportando la creatividad necesaria para no declararnos derrotados por un virus microscópico, que empieza a poner en jaque la cordura. Mientras unos cuantos, además de vacunas, fabrican nuevos mecanismos de dependencia social y económica para atrapar individuos y sociedades débiles, como la nuestra.

¿De qué nos está hablando la indisciplina que lleva al contagio y en millones de casos a la muerte?  De desesperación, cansancio físico y emocional, fatiga, miedo, entre otros, que empiezan a generar síntomas crónicos de ansiedad, estrés y depresión en la población confinada. Síntomas que conducen a la desesperanza. La OMS ha acuñado el término “fatiga pandémica”. Esta pandemia emocional empieza a causa estragos en la población. Cada día más hogares en el mundo, en vez de refugios, se transforman en pequeños campos de batalla. El teletrabajo, la educación desescolarizada de los hijos, el desempleo, el aislamiento, los duelos inconclusos por familiares y amigos están llevando al descontrol emocional, que en muchos casos desembocan en violencia intrafamiliar, rupturas y hasta suicidios.

¿Cómo ayudarnos a nosotros mismos si tenemos síntomas de fatiga pandémica? ¿En qué parte de la realidad me paro para poder sobrevivir? Deberían ser preguntas obligadas. Y mientras gobiernos y medios masivos asumen plenamente su responsabilidad de “educar” emocionalmente, aprovechando sus extraordinarias plataformas, el ser humano se ve obligado a despertar sus defensas emocionales.

La realidad es mucho más que el covid y, aunque cueste creerlo, es posible con nuestras propias capacidades generar mecanismos de sobrevivencia. Por ejemplo, tomar decisiones tan simples como ver un solo noticiero al día, recordar lo que nos gusta: Un buen libro, una película, pintar, tomar fotografías, escribir, hablar por teléfono con los amigos, estudiar algo que teníamos aplazado: Cambiar de hábitos, movernos, recordar lo mejor de lo vivido. Y sobre todo ponernos en contacto con nuestra realidad trascendente. El saber que no estamos solos, por duras que sean las circunstancias, nos trae la seguridad de estar equipados para vivir el aquí y el ahora, pero con Él.

*Periodista*Defensora de DD.HH 

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