HOY DIARIO DEL MAGDALENA
Periódico de Santa Marta

Pandemia, prensa y censura

La propagación mundial de la enfermedad derivada del virus covid-19 aumenta la urgencia de asegurar varios bienes y derechos para los ciudadanos en todo el mundo. Dentro de las más urgentes necesidades, se encuentra el acceso a una información fiable, creíble, objetiva y comprehensiva, en el sentido de cubrir todos los aspectos posibles de una crisis de esta magnitud.

Dentro de los múltiples canales de acceso a la información que cumpla con esas condiciones, la prensa libre e independiente, que recoge y contrasta los datos de gobiernos, ciencia, academia y sectores de la salud, es uno de los más fiables.

En las actuales condiciones del mundo se trata, en primer lugar, de una información de utilidad pública sobre el virus y cómo protegerse frente a él, qué medidas tomar y qué normas seguir, sean médicas, gubernamentales o cívicas. Muy importante es el combate que debe dar la prensa contra la desinformación, teniendo en cuenta que esta se expande tan rápido como el virus.

Al mismo tiempo, necesidad de información es también entender las consecuencias económicas, sociales y políticas de la pandemia. Lo anterior implica la posibilidad de poder cuestionar desde la prensa las decisiones de las autoridades y vigilar la puesta en marcha y el cumplimiento de sus medidas. Para la prensa el desafío es lograr un buen equilibrio entre información de urgencia, información de servicio al público, información constructiva e investigación sobre las respuestas de los organismos gubernamentales frente a la crisis.

Hablamos aquí de unos derechos fundamentales de los ciudadanos a obtener información verídica. Y, de la mano de ellos, los derechos –y correlativos deberes– de la prensa para obtener información pública relevante y suministrarla a sus receptores, las audiencias. Cuando hay obstáculos impuestos por autoridades públicas para informar con transparencia no son solo derechos de los periodistas los que se vulneran. Son, antes que todo, los derechos de cada ciudadano.

La propia pandemia impone limitaciones. Por mucha tecnología que esté operativa, la presencia personal del reportero y de su medio de comunicación en el lugar donde se produzcan las noticias sigue siendo irrenunciable e indelegable. Y las restricciones de movilidad y la propia autoprotección de la salud limitan este ejercicio.

Pero, al tiempo, se han multiplicado las denuncias sobre vulneraciones a la libertad de prensa y al suministro de información que, por su propia naturaleza, debe ser pública y accesible. El informe presentado por Reporteros sin Fronteras (RSF) habla de opacidad en la información sobre la pandemia, pero también de los pretextos oficiales, no solo en regímenes autoritarios, para no divulgar documentación y datos de interés público.

Dice el informe que “el ejercicio del periodismo, principal vacuna contra el virus de la desinformación, encuentra graves impedimentos en 73 de los 180 Estados del ranquin establecido por RSF, y obstáculos en otros 59, lo que en total supone el 73 % de los países evaluados”. Y precisa luego que “por causa –o con el pretexto– de la crisis sanitaria, los periodistas se enfrentan a un ‘cierre de accesos’ tanto a las coberturas sobre el terreno como a las fuentes de información. ¿Se reabrirán cuando acabe la pandemia? (Hay) una creciente dificultad para que los periodistas investiguen y divulguen temas delicados”.

No hay que irse lejos para comprobarlo. Sin tener que ver con la pandemia, aquí mismo entre estas montañas la irresponsabilidad de un gobernante con sus nombramientos fallidos y su justificación de hojas de vida infladas con falsedades intentan cubrirla con epítetos contra la prensa, censuras indirectas e intolerancia con la transparencia.

*Internacionalista 

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