Nuevas propuestas de enfoques periodísticos 

No se trata de dictar cátedra sobre el ejercicio del buen periodismo,  ni de simples noticias positivas, la situación actual de Colombia obliga a que haya un periodismo más objetivo y constructivo en complemento o desarrollo de lo que se ha venido haciendo casi siempre enfocado en la violencia, la guerrilla, el narcotráfico y la delincuencia, pasando por los desastres naturales, las víctimas y la corrupción. Colombia siempre ha sido una gran veta de noticias judiciales que han desarrollado un periodismo investigativo de gran calidad, premiado en todo el mundo, pero la situación de pandemia sanitaria y protesta social obliga que esa tendencia a enfocarse en las tragedias humanas, el drama y el conflicto interno, tenga nuevas propuestas de enfoques que los complementen, una suerte de información constructiva que le devuelva la esperanza a las audiencias en la formación de país, nación, cultura, mercado y sociedad.

La sobreabundancia de información que la hace imposible de digerir; la frenética fabricación industrial de noticias falsas que se propagan y construyen realidades mentirosas; el populismo político y económico que está enfocado en crear narrativas distorsionadas enfocadas en el pasado, y un consumidor pasivo que se cree activo por la oportunidad de comunicar que le brindan las redes sociales, obligan a que los roles y funciones sociales del comunicador sean replanteadas bajo nuevos pilares de construcción de bienestar social.

Las audiencias digitales, radiales, televisivas o lectoras están consumiendo más información que nunca a través de miles de medios de comunicación, pero muy pocos se detienen a pensar en los valores que subyacen en la construcción de las informaciones. Las empresas informativas están batallando contra sus propios molinos de viento que los ven como la innovación personificada en celulares, internet, streaming, inteligencia artificial, aplicaciones y toda una suerte de simples herramientas, canales o plataformas, que son solo eso y están al alcance del dinero, pero en la innovación de las narrativas que cuentan sus contenidos y la jerarquización de las noticias, no avanza mucho en la plena era de la información.

Es el momento de la información constructiva, que, sin perder las características del periodismo de calidad, investigación, precisión, buena escritura, entre otros elementos esenciales, debe erigirse como una herramienta de trabajo para las personas, para que tomen decisiones más acertadas y saquen sus propias conclusiones de un momento especialmente convulso, en el que muchos quieren pescar en un río revuelto para obtener el favor político.  Quienes no comprenden al periodismo constructivo creen que amenaza el objetivo central del periodismo, que es vigilar las acciones de los funcionarios y políticos ,  y hacer un seguimiento de los delitos  y de los actos de corrupción.

Debe haber un solo propósito y es hacer que las personas, las familias, los pueblos y ciudades progresen, que no se sigan empobreciendo y sean víctimas de los falsos Mesías que estimulan su pobreza y confusión para cambiar el modelo económico, que, aunque avanza, tiene dificultades a superar. Con el periodismo constructivo,  se busca ponerle un freno a la impotencia que a menudo resulta del periodismo  tradicional, y trata de inspirar una nueva forma de pensar acerca de como explicar los acontecimientos mundiales.

Es inevitable el exceso de información negativa y mentirosa en las redes sociales, encubiertas por el anonimato. Se trata de dar no solo un salto tecnológico apurado por la pandemia, sino acompañarlo por una información más constructiva y con soluciones que contribuyan como ningún otro componente con la transformación social. En el periodismo constructivo, más vale la calidad que la cantidad para empezar a transformar.

*Internacionalista 

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