Las marchas entre lo positivo y lo negativo 

Por:  

RUBEN DARIO  

CEBALLOS MENDOZA* 

En mi calidad de ciudadano de bien siempre me he caracterizado como libre pensador otorgar respaldo y apoyo a la protesta enmarcada dentro del respeto al derecho constitucional, donde se reclamen políticas, medidas y determinaciones por fuera de la lógica y la razonabilidad en pro de conseguir el respeto a la dignidad ciudadana en diferentes aspectos que  viene de tiempo atrás exigiendo nuestra colectividad, como son el respeto a las pensiones que no resisten impuesto alguno, al no tener presentación desmejorar en manera grave sus condiciones de vida generando un tributo a las mesadas con las que los administradores de pensiones le reintegran su ahorro forzoso de años, hecho para su sustento cuando dejaran de tener la capacidad de trabajar por invalidez, vejez o muerte. Se transgreden los Derechos Humanos de los mayores, al dejarlos sin protección en una situación de riesgo como esta de la emergencia sanitaria, económica y social causada por el Covid-19. Empeora en alto grado sus condiciones de vida, al aminorar los ingresos económicos de quienes, por edad o incapacidad, no pueden trabajar para compensar tal exabrupto de la fracasada reforma tributaria, retirada gracias a lo logrado en las marchas, siendo imposible que se pretenda por acto aparte insistir en esta afrenta – como se viene anunciando -, al verse  los pensionados constreñidos, en detrimento de su buena salud, a reducir sus consumos alimenticios, medicamentos, terapias, recreación; y, en general, su bienestar. Así las cosas, pareciera no importar que el pensionado en esta crisis son víctimas de alto riesgo que merecen los más especiales cuidados y protección, en dirección a garantizar lo más plenamente posible su integridad, con el propósito de mejorar su salud y calidad de vida en su todo integral. Igual acontece con la archivada reforma a la salud, donde el apetito económico de las E.P.S. no tiene fin, en detrimento todo ello a las mismas clases sociales media baja – media y media alta, las cuales ya registran cansancios y legítimos disgustos por ser siempre los que llevan la carga de todas las reformas tributarias. Estos campos reclamativos siempre tendrán mi apoyo.

Contrario sensu, las marchas y/o protestas, paros que violenten propiedades públicas y/o privadas – como las que estamos registrando hoy en día -, que produzcan afrentas a derechos constitucionales de los demás ciudadanos, tratando de desinstitucionalizar nuestro orden político, jurídico y económico,  – no tienen mi apoyo -, menos aún cuando tales movimientos son infiltrados por delincuentes o vándalos, al no poderse convertir una protesta legítima en una razón para vandalizar nuestras ciudades, afectando los entes de generación de empleo y el comercio privado, por considerar que la libre expresión no puede atentar contra la salud, libre trabajo, el transporte de pasajeros y carga y la producción, en detrimento de nuestra economía.

Cosa diferente es que se vea a un gobierno carente de liderazgo, inerte en el desarrollo de las acciones para solucionar el actual conflicto, limitándose  a reacciones incompletas y tardías, sobre lo cual dejó registrado este mensaje en pro del despertar positivo gubernamental, borrando del panorama la imagen negativa percibida por la sociedad desde la presentación del Plan Nacional de Desarrollo, ahora las reformas de la salud, tributarias y diversos proyectos de ley radicados en el Congreso indicadores que su intención no es trabajar en pro del bienestar de las clases sociales menos favorecidas, sino  seguir beneficiando los intereses particulares de multinacionales y personas de la clase Alta, que se han caracterizado por ser agraciados de continuas exoneraciones de impuestos, lo cual debe cesar más aún cuando la Nación es defrauda por corrupción.

En conclusión es positivo que se proteste o marchen pacíficamente para exigir que se inviertan bien nuestro impuestos, para que paguen tributos los exonerados por largos años, es cuestión de sentido común, limitándose los periodos en el Congreso de la República, con salarios proporcionales y razonables, prohibiendo más de un ingreso a un núcleo familiar de los altos cargos del Estado, para diversificar y garantizar una correcta participación y distribución constitucional, amparando la canasta familiar, nombrando Ministros acreditados y embajadores de carrera donde se necesiten, retomando el senado regional, garantizando la salud, la educación gratuita por lo menos hasta el estrato cuatro, entre otros tantos aspectos que avalan y tutelan la legítima protesta.

Confío en que estas jornadas de protestas sirvan para que el Presidente de la República y los partidos políticos entiendan que esta generación no es ciega. Llegó la hora de la reacción, reconstrucción y restauración moral, donde gobierno incluyendo su partido y los políticos en general vuelvan a pensar en lo colectivo y no en los beneficios individuales de su peculio. Demuestren que son capaces de hacerlo o renuncien. La sociedad no da más espera, estando ansiosa y a la espera de las respuestas positivas a sus exigencias. [email protected] – tw: @CeballosRuben56 –Ing: @rubenceballos2021 *Jurista 

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