La lección chilena 

Error enorme que no conozcamos en detalle lo que ha ocurrido en Chile.

Ello quiere decir desde cuando se restauró la democracia hace treinta años. Y, claro, saber cómo se llegó a esta debacle que hoy lo coloca ante una incertidumbre histórica.

En las elecciones de hace ocho días (Convención Constitucional, Gobernadores, Alcaldes, etc, en votación que duró dos días) la contundente interpretación que hizo el presidente Piñera al celebrar la gesta democrática, no es suficiente. Dijo que los partidos tradicionales habían recibido un fuerte mensaje que no estaban en sintonía con las aspiraciones de los ciudadanos.

En los círculos intelectuales occidentales esta situación se describe con un concepto: desconexión. Ahora se dice para referirse a lo que estamos sufriendo en Colombia. El pasado 8 de Abril el presidente Macron cerró la mejor escuela de formación de gobernantes, la Escuela Nacional de Administración (ENA). Se hablaba que lo que existía en Francia era una enarquía. Gobernaban los egresados de la escuela. Los enarcas. ¿Y la principal motivación? Sus egresados estaban desconectados de la realidad francesa. Aquí la Escuela Superior de Administración Pública, una pésima imitación de la ENA, nunca logró ni de lejos jugar un papel semejante.

Y cómo Chile, exaltado como el modelo económico y social y como una democracia, pudo llegar a un momento crucial en el que, según la expresión del candidato Presidencial de la Democracia Cristiana, al ver los resultados: ¡nos enterraron! A todos los que gobernaron con éxito internacionalmente reconocido durante tres décadas y, hay que inferirlo, a quienes los antecedieron. Hundir así las ejecutorias del país modelo no es cualquier cosa. Ahora entran en el proceso muy complejo de construir un nuevo Contrato Social en una Convención Constitucional de 155 miembros, que decidirá las nuevas instituciones y reglas del juego por mayoría de dos tercios de los votos. Los perdedores no lograron el derecho de veto, un tercio más uno de los miembros. Si las diferentes fuerzas logran imponerse, tan solo queda la opción de un plebiscito que debe aprobar una nueva Constitución y para el cual se exige el voto obligatorio. En la reciente elección, la mayoría silenciosa fue superior a todos los votos emitidos. Esa es la incertidumbre que ofrece alguna esperanza para los que perdieron.

Ya se leen titulares como este “96 Constituyentes están a favor de restringir o prohibir la inversión extranjera”, (El Mercurio, p.B3, 20 de mayo) ¿Incluirá la China cada vez más significativa y estratégica?

Es sabido que no solo de pan vivimos los humanos. La calidad del sistema político es indispensable. Ello quiere decir legitimidad de las instituciones, confianza y credibilidad en las mismas y en las políticas públicas, consenso sobre lo fundamental, protección del disenso, equidad, canales eficaces de participación etc. En otras palabras, partidos, gremios, dirigentes políticos, empresariales, sociales, medios de comunicación creíbles, objetivos, responsables con valores democráticos compartidos, imperio de la ley etc, etc.

Indispensable entender por qué el progreso económico y social no resulta satisfactorio para buena parte de la ciudadanía. Útil saber si la protesta social y el terrible vandalismo que ocurrieron en octubre de 2019 tuvieron algo que ver con la estrategia que contra la democracia diagnosticó Biden en el 2018 señalando efectos concretos, en Estados Unidos, España, Italia. Es urgente aprender de la experiencia chilena.

*ExMinistro de Estado 

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