Bajas tensiones

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Sorprende sobremanera el acuerdo a que llegaron las dos Coreas, en donde se comprometen a bajar las tensiones, a participar conjuntamente en los juegos olímpicos de invierno, a diseñar esquemas de tránsito de personas por sus fronteras, a detener actos hostiles y a pensar en una reunificación.

Quien lo creyera: después de tantas ofensas y de acumular tantos resentimientos, de un momento a otro surge lo impredecible, lo asombroso, lo inesperado.

Esto quiere decir que siempre puede existir una puerta para que la sensatez entre y para que los resentimientos se dejen a un lado; para que se permita el paso de lo positivo, de lo constructivo, de lo sensato y de lo lógico.

Colombia es un país en donde el resentimiento suele aflorar de manera silvestre y se reproduce con una facilidad asombrosa. Los colombianos solemos de inmediato tomar partido en los bandos que afloran disputas y ese resentimiento termina envolviéndolo todo, y encuentra con facilidad materiales inflamables que repotencian su intensidad y llaman al caos y al desastre.

La mentalidad pragmática y positiva no es común en nuestro medio y vale la pena traer a cuento la célebre frase del escritor Óscar Wilde, quien afirmaba con razón que “El sentido común, es el menos común de los sentidos”. Y por esta razón siempre estamos envueltos en el conflicto y siempre encontramos toda clase de ataduras que nos impide avanzar.

Nuestra cultura no está diseñada para sobreponernos a la adversidad, sino para vivir dentro de ella; gozamos con el conflicto permanente y sentimos cierta arrogancia de saber que somos difíciles, que nada nos conmueve y además no nos importa contemplar la incapacidad para solucionar las dificultades y para diseñar los escenarios prospectivos y de avanzada.

Nos identifica el morbo y tal como lo define el diccionario, además del calificativo de enfermedad “Atractivo que despierta una cosa que puede resultar desagradable, cruel, prohibida o que va contra la moral establecida”.

Si resolviéramos cambiar nuestros parámetros de comportamiento y volvernos mas receptivos, mas proactivos, mas sensibles frente al caos y a la tragedia, otro sería el camino a recorrer y otros frutos también serían los que recogeríamos.

¿Por qué entonces no despojarnos de las pasiones y de las arrogancias, y pensar en desarrollar la capacidad para alejar los conflictos y para atraer las soluciones que requerimos?. Otros han podido lograrlo.

Abogado y miembro de la Academia Colombiana de Historia y de la Real Academia Española de la Historia

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