Familia samaria resistió el Covid-19 con unión, oración y mucho amor

Por 
Katheryn Santamaria  

El Covid-19 sin duda ha causado muchos cambios en la vida de las personas, alguno de ellos ha tenido que sufrir la pérdida de seres queridos sin poder darles el último adiós. 

Aunque somos conscientes de lo que este mortal virus ha producido en el mundo entero, también hay historias de vida que han marcado un nuevo comienzo después de esta enfermedad.

En enero de este año el virus ‘asesino’ acechó la vida de la familia Fierro Nevado, en Santa Marta. Sin dar un aviso previo se inmiscuye en sus actividades y pensó que llegaría para quedarse, pero no fue así.

Poco a poco esta familia sentía como el desconocido rival agotaba la energía de uno de sus integrantes. El temor se apoderaba de ellos y temían que su voz se apagará.

Se trata de William Fierro, periodista samario, quien sentía en su cuerpo como el virus pasaba lentamente como una gota de agua que se va deslizando hasta caer al piso. El virus ‘asesino’ nunca le advirtió de sus consecuencias, nunca le dijo que entraría en él y sin permiso se adueñó de sus órganos y poco a poco empezó a debilitarlo, a tal punto de internarlo en una clínica de la capital del Magdalena.

Y lo que se temía, sucedió. Sus allegados no sabían si el transcurrir de los días serían sus aliados; la angustia de María Meza, esposa de Fierro, cada día aumentaba al ver a su compañero de vida tratando de aferrarse a lo que más amaba, el querer seguir viviendo. Ella notaba en su mirada triste que él quería buscar ayuda de los cielos para encontrar fuerzas para seguir luchando con lo invisible, el mortal virus.

Con preocupación y sin saber si podían contar la historia todos reunidos nuevamente, esta familia se aferró a lo que para ellos fue lo más importante, la paz en la tormenta.

William Fierro, su esposa María Alejandra Meza, su madre Raquel Nevado y sus dos nietos, pudieron ver una luz al final del túnel, y relatar juntos lo que para ellos les brindó una segunda oportunidad en la vida.

ASÍ INICIÓ LA LUCHA POR LA VIDA 

Todo inició un día soleado en la ciudad de Santa Marta en el que el periodista William Fierro Marriaga, madrugando como de costumbre, se dirigía a las instalaciones de Radio Magdalena a realizar lo que más le gusta, informar a la comunidad.  Ni la pandemia era una excusa para detener sus labores.

Pero esas ganas de seguir informando y ser la voz de los que no tienen voz, se desanimó al recibir la noticia de que el virus ya estaba en su cuerpo.

Este profesional de la comunicación a sus 62 años de edad tuvo que pasar durante 28 días lo que fue estar desconectado de la realidad y del mundo noticioso, donde él y su familia se convertían en unas cifras diarias del país por pacientes positivos para Coronavirus.

Debido a las complicaciones de salud, en enero de 2021, Fierro tuvo que ser internado en una clínica de la ciudad. Allí permaneció internado tras la situación crítica que mostró una radiografía en sus pulmones, y luego de que la doctora en turno de la clínica Avidanti en Santa Marta no le diera más esperanzas sino tener que internarse en la cama número 12 de este centro médico.

Pero ahí no terminó todo. Su esposa María Alejandra Meza de 42 años, quien resultó positiva para este virus, al mismo tiempo que su madre Raquel Nevado de 80 años; y desde entonces la preocupación fue doble y angustiosa.

Mientras Fierro se recuperaba poco a poco en la clínica, sus familiares también lo hacían en casa, aferrados a Dios y a la esperanza de la salud.

MILAGROS DEL CIELO 

Raquel Nevado Díaz con 80 años, se considera un milagro de Dios. Relata lo difícil que fue para ella padecer de esta enfermedad y permanecer durante 19 días intubada en la Clínica Cehoca, fue un completo calvario, pero asegura que pedía antes de eso que Dios intercambiara su vida por la vida de su yerno, pues los dos batallaban juntos contra el coronavirus.

“Tener que sufrir y ver la muerte tan cerca, mi único deseo era que Dios le diera más vida a mi yerno, para que no dejara a mi única hija sola”; manifestó Raquel Nevado para el Hoy Diario del Magdalena.

Los galenos de esta clínica no tenían muchas esperanzas para ella, pues se sabe que este virus a esa edad,  coloca miles y miles de lápidas en cementerios del mundo.

LA FORTALEZA DEL HOGAR 

Pero las esperanzas no se perdían para María Alejandra Meza, quien con síntomas también, pero por fortuna tratándose desde casa, junto con sus dos hijos Ángel David y Luisa Fernanda, siempre tuvo la confianza en la fe que desde niña su madre le había enseñado.

“Fue muy difícil tener que ver a mi madre intubada, y mi esposo en cuidados intensivos, después de ver tantas noticias sobre esta terrible enfermedad, tener que padecer en carne propia, lo único que me quedaba era confiar en Dios”; relató María Alejandra.

A esta mujer le tocó luchar durante un mes con la incertidumbre de una posibilidad alta de perder a su madre o a su esposo.

 “Fueron días en vela, no dormíamos, mis hijos no lograron estudiar bien, pensando en su padre y su abuela, este virus no es un juego. Como madre, hija y esposa muchas mujeres tenemos la noción preconcebida de que tenemos que ser mujeres maravillosas para nuestras familias. El COVID-19 me impidió ser la cuidadora perfecta de mi familia”; dijo muy conmovida mientras miraba en ella la fuerza que transmitía para contarnos su historia y mandar un mensaje de autocuidado, de salir poco a las calles de la ciudad y de la fe que lo puede todo.

Esta familia superó el coronavirus, algo que no muchos han logrado hacer pese a todas sus fuerzas. Hoy son ejemplo de unión, paz y de fe, y aunque quedaron con secuelas producto del virus, se aferran a la vida, a la oración y a los mensajes de aliento que miles y miles de samarios les dieron cuando padecían por la enfermedad.

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