Populismo

Tres conversaciones sobre el populismo y la democracia tuvieron lugar el jueves pasado en la Asamblea de Asofondos. Una oportuna iniciativa de su presidente Santiago Montenegro; Moisés Naím, bien conocido, acompañado del historiador mexicano Krause; La diputada española, Cayetana Álvarez y Marcela Cubillos, exministra de Educación, chilena, con la moderación de Ricardo Ávila. Y Clara Elvira Ospina, distinguida periodista colombiana, ahora desempeñándose en Perú; Miguel Silva, bien apreciado, aquí y en el exterior, experto en comunicaciones estratégicas, y Juan Esteban Constaín, historiador y novelista, animados por el autor de esta columna, juntaron conocimientos y experiencias muy relevantes.

Algunas conclusiones o lecciones deben tomarse en cuenta. Sí, hay insatisfacción con el funcionamiento de la democracia representativa. Aquí y en el mundo occidental. Es lo que vienen diciendo muchos libros desde hace por lo menos dos décadas. Los Indignados en la Puerta del Sol en Madrid o los que ocuparon Wall Street o los Chalecos Amarillos en Francia o los que acompañaron a Trump en la insurrección del seis de enero gritan lo mismo, y claman por ser escuchados ante la deficiencia de la representación, el vacío que han dejado los partidos políticos, la propia pérdida de intermediación de los medios de comunicación, cada vez más suplantados por las redes sociales cuando no convertidos en su parlante o su réplica. La explosión en Chile, octubre de 2019, o en Ecuador lo mismo y mucho más.

En Santiago de Chile destruyeron en un día cien estaciones del metro. Marcela Cubillos se preguntaba quién estaba detrás de esta destrucción sistemática. ¡Y ya hace más de un año! Varios destacaron la importancia de contar con una narrativa que muestre bien las ventajas y las realizaciones de la democracia liberal. ¿Cómo fue posible que en Chile borraran treinta años gloriosos de la convergencia del centro derecha y del centro izquierda? ¿Acaso sus protagonistas no tuvieron las agallas para contar y defender esa hazaña?

Naím recordó la afición que ciertos sectores tienen por lo que denominó “necrofilia ideológica”, el gusto por revivir ideologías fracasadas, malas ideas, errores garrafales. Y Krause recordó cómo olvidamos las lecciones del siglo XX y así estamos expuestos a revivir debacles que debieron estar bien enterradas. Derrotamos el populismo nazista -fascista, representado por Hitler y Mussolini. Este no ha regresado. Derrotamos el comunismo que tan solo sobrevivió en su versión clásica en Cuba. Este proyecto no quedó bien enterrado y ahora tenemos versión chavista que busca reproducirse. El caso de China es bien diferente.

Se dijo muchas veces que la democracia es frágil. Hay que protegerla y sus problemas hay que resolverlos en democracia. A sabiendas de que no todo se puede hacer y mucho menos de un momento a otro. Se requiere una eficaz pedagogía política.

El populismo es un método para hacer creer que todo es posible. Dice lo que halaga. Es camaleónico. Dice lo que se desea oír aunque no tenga viabilidad alguna. Y así gobierna. Bien pronto viene el desastre, la frustración, el fracaso. Los ciudadanos huyen. Ahí está Venezuela. En España, el populismo fue abrumadoramente derrotado en las últimas elecciones, en Madrid. Podemos que encarnaba el populismo no pudo. Es que querer no es poder. En las elecciones del 2022 no faltará quien haga solo populismo. Como dijo Miguel Silva, algo de populismo.

*ExMinistro de Estado

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