Sobrevivientes del Covid, son milagros divinos

“Desafortunadamente a mí me tocó vivir un caso extremo para darme cuenta que Dios existía y ahora tengo una percepción distinta de la fe hacia Él. Dios cuando hace los milagros los hace completos y soy testimonio de vida”, dijo ‘Pipe’ Patiño.  

POR
EDGAR
TATIS GUERRA

Las familias Rodríguez Mazenett y Patiño Rodríguez no tuvieron una Navidad alegre porque el Covid-19 les contagió desde el mes de noviembre. Desde entonces empezaron a soportar duros momentos llenos de sufrimientos y desvelos, pero nunca perdieron la fe.

En ambos núcleos familiares al igual que en muchos hogares de Santa Marta y el país todas las actividades normales se trastocaron en un abrir y cerrar de ojos. No precisan el instante cuando el virus invisible del SARS -Cov2- que produce la enfermedad denominada Covid-19 les infectó para apoderarse de sus cuerpos y hacer mella.

La debilidad muscular, la pérdida del olfato y la falta de oxígeno, entre otros síntomas, obligaron a recluir de urgencia a doña Gloria en la Unidad de Cuidados Intensivos de la Clínica Perfect Body en donde fue intubada de inmediato.

Fueron muchos días de desesperación y angustia para sus familiares, conocidos y allegados porque también fue sometida a una traqueotomía, aunque ella como mujer fuerte y creyente se aferraba a la vida y a Dios.

El núcleo familiar del magistrado Alberto Rodríguez Akle y su esposa Gloria Betsy Mazenett Mena está conformado por sus hijos Ligia, José Luis y Yasser Camilo Rodríguez Mazenett. El hijo mayor Alberto falleció cuando apenas contaba con 21 años de edad en un fatal accidente vial ocurrido un 11 de junio de 2002 (hace 19 años).

De manera paralela el esposo de Ligia de nombre Andrés Felipe ‘Pipe’ Patiño, de 38 años de edad, también batallaba contra el Covid-19 en la misma clínica. Estuvo 43 días en UCI, mientras sus amigos, su esposa y dos hijas de 7 y 10 años respectivamente nunca dejaron de realizar cadenas de oración y ruegos al Padre Celestial.

 “Para mí esta ha sido la prueba más terrible después del secuestro de mi padre Alberto y del fallecimiento de mi hermano en 2002. Con el Covid-19 que no se lo deseo a nadie vivimos una gran prueba de fe ya que cada día mi esposo Pipe presentaba una complicación diferente y los médicos daban un pronóstico delicado. Fueron tantas tardes y noches que íbamos en compañía de varias amigas a orar en las afueras de la clínica”, relató Ligia.

Por su parte ‘Pipe’, en lo poco que recuerda, dijo que en esos días que estuvo en una camilla se sintió impotente y en varias ocasiones amargado. “Estuve casi muerto en un coma inducido porque permanecía bajo medicamentos, para mí todo fue una gran noche o un solo día porque nunca supe que era 7, 24 o 31 de diciembre. Tuve mucho sueño, mucho delirio, una guerra espiritual e inclusive revelaciones de Dios. Yo era una persona muy pragmática frente a los sucesos religiosos e incrédulo, pero este episodio en mi vida me hizo refugiarme en Dios porque realmente estoy vivo de milagro”, recalcó.

 “Desafortunadamente a mí me tocó vivir un caso extremo para darme cuenta que Dios existía y ahora tengo una percepción distinta de la fe hacia Él. Dios cuando hace los milagros los hace completos y soy testimonio de vida”, expresó.

 ‘Pipe’ reconoce que desafió al Covid-19 y que no creía en que pudiese llegar a contagiarse. Al padecer en ‘carne propia’ el azote del ‘virus asesino’ el cual lo mantuvo al borde de la muerte y le hizo perder 64 libras de su peso corporal, hoy agradece a Dios por la segunda oportunidad que le ha dado para disfrutar de su familia, de sus amigos, vecinos, conocidos y hermanos en la fe.

“Pasé días difíciles, amargado, sin poder tener el amor de la familia, de mis hijas y seres queridos. Estar en una camilla y asistido por médicos, enfermeras y auxiliares fue tremendo. Quiero agradecer a todas esas personas que oraron por mi recuperación, al pastor Jerson Salazar, por las voces de esperanza del médico Jaisan Granados y de todos porque fueron muchos a los que Dios les escuchó sus ruegos”, dijo con nostalgia Andrés Felipe ‘Pipe’ Patiño.

A su turno el magistrado Alberto Rodríguez Akle calificó el contagio del Covid-19 como una experiencia terrible y reconoce que, aunque fue asintomático, también cumplió el aislamiento en su residencia bajo todos los protocolos de bioseguridad. “Siempre fue muy difícil para mí encontrar respuestas a las preguntas que me hacían mis nietas cuando veíamos los vídeos de su abuelita Gloria, y no los de su papá quien permanecía muy delicado en la clínica. Por fortuna y gracias al poder divino estamos todos juntos nuevamente, ya estamos vacunados y por eso invito a los samarios a que lo hagan sin miedos ni temores”, enfatizó.

Doña Gloria Mazenett quien cuenta con 63 años de edad ingresó a la Perfect Body un 26 de noviembre, no recuerda casi nada porque de inmediato fue intubada. Dijo que tuvo varios sueños con la muerte en donde veía a sus hijos llorando y tristes, pero siempre la reprendió porque es una mujer aferrada a Dios y a sus milagros.

 “Salí de la UCI el 29 de diciembre a donde había ingresado con el cabello largo y prácticamente lo perdí, luego seguí con tratamientos por tres meses en casa porque parecía un vegetal, no hablaba, no podía llevarme los alimentos a la boca, parecía un bebé que aprendía nuevamente a caminar. A mí me llegó la hemoglobina en 7 y cuando solicitaron sangre tanto para mí como para mi yerno Andrés Felipe llegaron más de 100 personas a donar sangre entre recicladores, vendedores, limpiavidrios y seres humanos maravillosos. Dios hizo el milagro y es perfecto porque nunca he dudado de la bondad y del infinito amor que nos tiene a todos”, puntualizó.

Vale destacar que en la vivienda donde reside la familia Rodríguez Mazenett en Santa Marta se siente la presencia de Dios ya que reina la paz, tranquilidad y mansedumbre. El hijo menor, José Luis, se convirtió en la persona cuidadora porque siempre estuvo atento al suministro de los medicamentos recetados a sus padres. Dijo que la sala se había convertido en el espacio de la casa más reconfortante donde su madre descansaba en el sofá luego de orar unidos en familia. Por su parte Yasser quien reside en Bogotá fue quien pudo adquirir gracias a la gestión de su hermana Ligia el kit de traqueotomía justo a la medida que se requería para ‘Pipe’ cuya cirugía solo tardó 15 segundos, pero un tiempo después le sobrevino un paro respiratorio de 10 minutos, lapso en que sus órganos se resetearon por completo. Está vivo por un milagro de Dios para dar testimonio e invitarnos a que alimentemos la fe en Él día a día. “Clama a mí y yo te responderé”, dice el Señor.

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