La alianza es indispensable

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Terminaron las fiestas de navidad y año nuevo, pero los fuegos artificiales siguen viéndose por todas partes.

Así empezó el 2018.

Ya no se trata de las luces con las que se celebra tradicionalmente la bella temporada que acaba de quedar atrás.

Ahora provienen de las declaraciones políticas de varios actores, que tienen que estar juntos para cambiar el rumbo del país.

Repitamos, para que no quede duda: tienen que estar juntos.

¿O es que hay quien piense que la alianza, en la que están tan empeñados los expresidentes Uribe y Pastrana, es una piñata o un juego sin consecuencias?

Pues, no lo es.

En realidad, construir ese entendimiento es fundamental para el futuro de la nación, toda vez que el empeño debe conducir a que se cambie el mal camino en que el actual presidente dejará a Colombia.

Edificarlo requiere de la voluntad y decisión de muchos protagonistas.

De los exmandatarios ya mencionados, la doctora Marta Lucía Ramírez, el doctor Alejandro Ordoñez, los juristas que jugaron tan importante papel en el plebiscito, organizaciones de víctimas y desplazados, las comunidades cristianas que hicieron parte del movimiento en favor del No, en fin, de los miles y miles de colombianos de distintas procedencias y credos que escribieron en Octubre de 2016 una página democrática llena de trascendencia.

El esfuerzo que se hizo en aquella oportunidad toca hacerlo nuevamente, porque la victoria, este año, de las fuerzas y electores que defendieron el No, es el único camino posible para garantizar la vigencia de la democracia, la economía de mercado, la propiedad privada, la Constitución, la independencia de los poderes, la soberanía popular, y las seguridades jurídicas de los ciudadanos.

No faltará quien diga que lo anterior es una exageración.

¡Todo lo contrario!

A decir verdad es apenas una descripción de los principales riesgos que enfrenta nuestro país.

Siendo de tal magnitud el desafío, lo que debe predominar en este momento es la paciencia y el sentido histórico para edificar la alianza.

Flaco servicio le prestan a ese propósito las declaraciones atropelladas de varios protagonistas que, en lugar de contribuir a crear el clima que se requiere, lo que pueden conseguir es colocar obstáculos en el camino.

Si se logra consolidar el acuerdo necesario, es posible aspirar, con razones suficientes, a conseguir el triunfo en el 2018.

En el caso de que esto no se consiga, el peligro será gigantesco y se perderá una gran oportunidad.

¡Más que eso! Dejará de actuarse con la responsabilidad que exige la coyuntura por la que atraviesa la patria.

Este escrito es un llamado a la calma y a la cordura.

Para nadie son un secreto las pasiones que se desatan a la hora de definir los asuntos del poder. Eso de nuevo no tiene nada.

Como tampoco son desconocidas las consecuencias de las equivocaciones que se cometen, cuando se permite que prime la obcecación sobre la racionalidad y los propósitos superiores.

Estamos en un momento en el que nadie puede pretender imponer nada.

En igual forma, tampoco resultará posible tejer acuerdos que desconozcan las evidencias de la realidad.

Para no dar tantas vueltas, conviene decir que la alianza es indispensable a fin de tener una opción real de ganar.

Puede haber otros caminos, desde luego.

Pero, ellos tendrían muchas más dificultades e incertidumbres que el que transitaría una fuerza integrada por millones de compatriotas decididos a garantizar, juntos, la vigencia de principios fundamentales.

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