Internet y adrenalina 

Motivada por el deseo de desacomodar prejuicios, invité a un grupo de jóvenes de muy diversos orígenes a conversar sobre las marchas. Había entre ellos desmovilizados de las Farc, del Eln, de las Auc, un joven policía herido durante las manifestaciones y una joven de una prestigiosa universidad bogotana, entre otros. Marchantes y no marchantes. Se trataba de que fueran escuchados por profesionales destacados en muy diversas áreas. Las preguntas salieron a borbotones: ¿Marchan? ¿Por qué lo hacen? ¿Qué los motiva? ¿Creen en el uso de la violencia para propiciar un cambio? ¿Qué sucede al interior de la llamada «primera línea»? ¿Quién los coordina?…

La primera conclusión es que no se puede generalizar. Debemos empezar por escucharlos y darles plena interlocución. Al fin y al cabo en sus manos está el futuro inmediato de nuestra democracia.

Algunas de las respuestas son síntomas de realidades subterráneas, que nos invitan a repensarnos como sociedad. ¿Qué vacíos familiares profundos explican la violencia de algunos jóvenes, potenciada por la mezcla explosiva de internet y adrenalina?

“Estuve en el Eln siendo niño, por ignorancia y decisión. No nos educaron y nos comportamos como cavernícolas. Las redes sociales aumentan la rabia y la adrenalina se contagia. Cuando hay violencia, un violento está financiando”, dijo uno. Otro de los jóvenes expresó: “Pertenecí a las Farc, ahora estoy terminando mi carrera de derecho. Este paro me tiene abrumado, no entiendo el porqué nos seguimos matando. Ojo con las redes. Recientemente un niño de 16 años, de la primera línea y con un radio en la mano, me paró en un retén y me exigió mostrar el carnet. Es claro que hay liderazgos manejando el paro”.

Un joven desmovilizado de las Farc, que estuvo en la primera línea en uno de los momentos más críticos en Cali, y se retiró por los riesgos, manifestó: “Gracias a Dios no nos pasó nada, pero las balas nos alcanzaron a rozar. Incluso, ayudé a sacar un chico que fue el primero que mataron.  No estoy de acuerdo con la violencia de ninguna de las partes. Hay policías que no hacen su labor como es y varios de la primera línea estaban armados. Todas las personas que hacen violencia están muy frustradas. Dispuestas a la confrontación. Esperando que las provoquen para reaccionar”.

El joven policía que los escuchó con atención, dijo: “En las marchas se ve el odio contra nosotros. En la noche ya no son ‘protestantes’ sino delincuentes. Las redes sociales influyen mucho con las noticias falsas y se burlan cuando hay un compañero herido. Las redes les manejan tanto el cerebro que llegan a creer que uno es el malo y no tienen en cuenta el sacrificio que uno hace como ser humano, para proteger a otros”.

La joven universitaria que se define como pacifista y feminista, quien salió a marchar al principio de las protestas, explica por qué desistió: “Se volvió muy peligroso. Se estaba apelando directamente a los sentimientos e instrumentalizando a los muertos”.

El joven, que perteneció a las Auc, describe la orfandad por la ausencia de un padre o por haber “tenido un padre castigador, violento, injusto y posesivo”. Esto, según él, se traduce en odio, rebeldía y en “no reconocer ninguna autoridad”.

Nada, absolutamente nada justifica la violencia, pero comprender lo que los mueve, facilita la búsqueda de soluciones.

*Periodista*Defensora de DD.HH. 

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