Sísifo y los cultivos de coca

Ya es casi un lugar común decir que los programas de erradicación de cultivos de coca en Colombia son un trabajo como el Sísifo, condenado a empujar una gran roca por una empinada montaña, solo para ver que se rodaba cuando estaba a punto de llegar a la cima, y debía volver a empezar a empujarla.

No hay mejor alegoría para describir la inutilidad del enorme esfuerzo del Estado colombiano por reducir el área sembrada de coca, y el todavía más inútil esfuerzo de ganar la guerra contra las drogas mediante la erradicación de cultivos. Esa guerra fue declarada por el presidente Nixon hace 50 años y el consenso general es que está perdida.

Los resultados de los programas de erradicación son frustrantes, y además de eso serán perjudiciales si se reanuda la fumigación con glifosato. Antes de su lamentable fallecimiento, el ministro Carlos Holmes anunció que en 2020 el gobierno había logrado su meta de erradicar 130.000 ha sembradas de coca.

Un gran esfuerzo, pero como le pasa a Sísifo, la piedra se rodó y hay que volver a empezar. Esta semana el Simci de la ONU reportó que en el 2020 el área sembrada de coca no se había reducido en la cantidad erradicada por el gobierno, sino solo en 11.000 ha al pasar de 154.000 a 143.000 ha. La diferencia la explica una sola palabra: resiembra. Un 91.6% del área erradicada se volvió a sembrar.

En 2019 sucedió algo muy similar. El gobierno erradicó 100.000 ha de coca, pero según el Simci el área sembrada solo se redujo en 15.000 ha al pasar de 169.000 a 154.000 ha, porque la resiembra fue del 85%.

La mayor frustración de nuestro Sísifo es que la montaña de la cocaína se eleva cada año. A pesar de la reducción en el área sembrada, el Simci muestra que en estos tres últimos años en el país la cosecha de hoja de coca aumentó 2% y la producción de cocaína subió casi 10% pasando de 1.120 toneladas en 2018 a 1.228 toneladas en 2020. El aumento de productividad de los narcotraficantes es más eficiente que la estrategia represiva.

La resiembra no se explica porque a los campesinos colombianos les gusten las actividades ilícitas, sino por el hambre y la necesidad de conseguir ingresos para sobrevivir. Son más víctimas que delincuentes. La coca es la única alternativa de subsistencia en territorios donde el Estado no está presente, donde no hay vías ni facilidades para vender otros productos.

Por eso la erradicación es una estrategia condenada al fracaso, y peor si es con glifosato, si no va acompañada con un programa integral de sustitución de cultivos como el que se estableció en el punto 4 del Acuerdo de Paz con las Farc. Es la única forma de que la roca que empuja Sísifo no se vuelva a rodar.

*Economista. 

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