Enemigo de la educación 

El principal enemigo de la educación pública en Colombia es la Federación Colombiana de Educadores, Fecode. Lo es porque desde hace décadas su prioridad no son los niños ni la educación. Prueba de ello, el daño causado a los estudiantes por los paros en horas de clase, la resistencia infundada a introducir gradualmente la presencialidad durante el último año, y anteponer sus intereses políticos sobre los derechos de los educandos.

Desde su creación Fecode organiza paros y la sociedad se ha acostumbrado a ellos, con gran condescendencia, sin recabar en su impacto educativo. Si bien distintos análisis internacionales indican la importancia del tiempo de los niños en el aula de clase para la calidad, poco se ha examinado en Colombia. En 2019, sin embargo, el Icfes contrató un estudio con la Universidad Javeriana, cuyos resultados merecen una seria reflexión.

La investigación, realizada por Luz Karime Abadía, Silvia Gómez y Juanita Cifuentes, dice que únicamente en el período 2000-2016, los estudiantes perdieron 1122 días de clase, 72 en promedio al año, por la suspensión de clases por los paros de maestros: el 36% del año escolar. El resultado: los estudiantes expuestos a los paros tuvieron los peores resultados en las pruebas Saber 11, en especial en matemáticas y en lectura.

En línea con lo anterior y conociendo las limitaciones tecnológicas y de conectividad de muchas instituciones oficiales que ofrecen educación básica y media, Fecode se opuso sin fundamento a la alternancia inicialmente propuesta y al regreso gradual al esquema presencial, causándole un daño irreversible en su educación a ocho millones de niños y jóvenes. Un perjuicio doloso e imperdonable, que el país apenas empieza a dimensionar.

Según el Ministerio de Educación, a enero ya habían desertado 100.000 estudiantes, y según el Laboratorio de Economía Educativa de la Universidad Javeriana, en las Pruebas Saber 11 de 2020 se redujo en 5,4% los estudiantes que se presentaron a la prueba y el puntaje global promedio cayó un punto. Además del efecto en la nutrición de los niños, en su salud mental y en la exposición de muchos a entornos de violencia intrafamiliar.

Si lo anterior no fuera suficiente, al frente del mal llamado paro nacional estaba Fecode. Cincuenta días de cese adicional de actividades y los niños y jóvenes cruzados de brazos sin recibir al menos una clase virtual. Todo por cuenta de una estrategia electoral, como lo confesó sin ruborizarse el sindicalista Nelson Alarcón. Confirma que para Fecode es más importante la política electoral que la educación; que el futuro de los estudiantes.

Ahora, ante la indignación ciudadana, anuncian que sí regresarán a clases presenciales. El exrector de la Universidad Nacional Moisés Wasserman puso el dedo en la llaga, al comparar el compromiso de muchos maestros con los médicos y las enfermeras: “Qué hubiera dicho la sociedad si el personal de salud, que tiene un riesgo inmensamente mayor (…) se hubiera declarado en desobediencia civil y negado a ir a los hospitales”.

Los paros en el tiempo de clase de los niños, negarse sin fundamento a la presencialidad y el fin electoral del último cese de actividades, confirma que a Fecode no le interesan la educación ni los estudiantes. Es un sindicato no solo irresponsable sino transgresor de la ley. La pregunta es: dónde están los maestros conscientes del daño causado. Como lo dijo Salud Hernández, no es hora de callar, deben levantar su voz. Y debemos levantar la voz todos los colombianos, si en realidad importan los niños, sus derechos y la educación.

*ExMinistro de Estado 

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