Antídoto ciudadano a la crisis 

El mejor homenaje a la Constitución en sus 30 años es aplicarla y desarrollarla en sus contenidos sociales y de derechos humanos. Luego del estallido social en las calles, el país vive sin duda un “momento constituyente” de aquellos que redefinen la historia de una nación. Pero Colombia hoy no necesita nuevas constituyentes, sino profundizar la democracia con una consulta popular, que entregue a las voces ciudadanas el protagonismo del cambio social que se reclama. Porque hemos aplazado por décadas las grandes reformas y es hora de ponernos de acuerdo y realizarlas.

La desconexión entre la sociedad y la política es dramática. Hay un hastío generalizado con los políticos porque han sido incapaces de ofrecer salidas a la crisis. Como si no fuera con ellos, al punto que los partidos y el Congreso han sido convidados de piedra en ofrecersoluciones durante los 50 días del paro nacional. La gente no quiere promesas, sino soluciones y las quiere ya.

Si no se atienden las demandas ciudadanas y se privilegia un amplio diálogo social que conduzca a la solución del enorme déficit de bienestar y garantías sociales que nos ahoga, Colombia seguirá avanzando hacia el abismo de un agudo declive democrático, que permitirá que la violencia y la desesperanza sean el futuro.

Una consulta popular de iniciativa ciudadana es la única salida viable a una crisis que ha cerrado otras vías. La Constitución abre el camino para que la ciudadanía se exprese y disipe los nubarrones, y decida ya sobre las políticas necesarias en áreas como la inclusión productiva de los jóvenes y creación de oportunidades; la renta básica y el fortalecimiento de la protección social; la reforma educativa; la garantía del derecho a una salud de calidad; la generación de empleo y el trabajo decente; la equidad con la mujer; la reforma de la justicia; la reforma de la policía; el retorno al campo y la seguridad alimentaria; y la brecha regional que hay que cerrar por la recentralización del Estado que ha traído la pandemia.

Todos debemos organizarnos, avanzar unidos para impulsar esa consulta ciudadana y hacer ciertas las reformas postergadas que desactiven la crisis y unan al país alrededor de un gran acuerdo nacional sobre la agenda social para vivir en paz las próximas décadas. Porque las reformas sociales no son patrimonio de la izquierda, ni del centro, ni de la derecha.

La victoria de los estudiantes hace tres décadas fue la nueva Constitución. La victoria de los jóvenes hoy debe ser materializar las reformas sociales por la vía del diálogo y la deliberación ciudadana. Los jóvenes deben hacerse escuchar pacíficamente e inspirarse en la Constitución para defender la vida y repudiar la violencia de todo origen. Es una invitación a defender la democracia, a impedir el ascenso del populismo y el autoritarismo y a responder ya con una agenda de reformas sociales que reclama Colombia en las calles.

Es la hora de los acuerdos, los pactos, los consensos para combatir la desigualdad, la pobreza, la exclusión y la violencia en Colombia. La protesta social debe capitalizarse para concretar esas reformas ratificando el espíritu de la Carta del 91. Los jóvenes de hoy deben persistir en la tarea que iniciamos cuando hace tres décadas propusimos y construimos el camino hacia una Colombia distinta. En manos de las nuevas generaciones está ahora continuar caminándole al cambio en el ciclo histórico que inició la séptima papeleta.

No necesitamos un mesías para salvar la democracia. Es el pueblo su propio salvador y la Constitución el contrato social salvavidas de una sociedad polarizada, desesperanzada y empobrecida aún más por la pandemia. Colombia tiene que verse en el espejo de los vecinos e impedir desenlaces fatales que arrasen con la democracia: la consulta popular es el antídoto y las reformas aplazadas por décadas hay que materializarlas ya en las urnas.

*Exprocurador General de la Nación 

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