La dignidad de las lágrimas

El encuentro en la Comisión de la Verdad entre las víctimas de secuestro, encabezadas por Ingrid Betancur, y sus ex victimarios, ahora convertidos en partido de los Comunes, les permitió a estas dignificar su memoria, romper el hielo de los duelos congelados en el tiempo y expresar las emociones contenidas, de cara a quiénes fueron sus verdugos. Alzaron la voz, con la firmeza y serenidad que da el sufrimiento extremo, para reclamar sus derechos.

Colombia entera debería ver esta transmisión. Es una resonancia magnética del “Proceso de Paz” con las Farc. Hay estrategias publicitarias que ya es imposible sostener. No fueron las víctimas de este grupo armado las que estuvieron “en el centro”. Si alguien quisiera ver este tema sin las anteojeras de la ideologización y la propaganda, se estremecería ante la Verdad. Ellas, las víctimas directas, tienen lo que le faltó al proceso: Legitimidad.

Los testimonios de dignidad, resiliencia y valentía de las víctimas de este flagelo desnudaron a las antiguas Farc.  Mirándolos a los ojos, con la serenidad que da el sufrimiento y sin un solo asomo de venganza, impidieron que los “senadores” se volvieran a esconder tras el discurso político justificatorio de la violencia extrema, que tanto los ha herido desde ese “quizás, quizás, quizás” que se grabó, como una afrenta, en el alma de esta nación.

Pero, en aras de la verdad, hay un pequeño trecho recorrido. El discurso de Rodrigo Londoño (Timochenko) elaborado a cuatro manos, es un esfuerzo por reconstruir el lenguaje y llamar al secuestro por su nombre: delito, y pedir perdón. En contraste, Carlos Antonio Losada, se negó a hacerlo y prefirió refugiarse en la politización del tema. Es cierto que se trata de cumplir un requisito ante la justicia transicional para que se dé trámite al “proceso judicial” y queden “condenados” a pedir permisos cuando se ausenten temporalmente de sus trabajos en el Congreso, pero un pasito es un pasito. Al fin y al cabo, como decía Patricia Verdugo, una amiga víctima chilena: “La memoria es la forma de hacer justicia desde la sociedad.”

Muchos se sorprendieron por el reclamo de Ingrid ante la falta de lágrimas de sus exvictimarios, al escuchar los desgarradores testimonios de sus víctimas. Este reclamo fue una verdadera carga de profundidad para toda Colombia, que aún no ha elaborado sus duelos colectivos. En ella está contenida la clave de la reconciliación. Si las Farc siguen ignorando el dolor que ocasionaron y los colombianos nos negamos a escuchar a las víctimas, no hay sanación posible. Somos todos parte de un duelo inconcluso.

Las lágrimas que produce el escuchar, desde el corazón, el dolor ocasionado al otro, son la expresión más pura de un descenso interior que le permite a los hombres reconocerse como iguales en lo más hondo de su desnudez y vulnerabilidad. Despojados de prejuicios y de máscaras. Es un espacio donde se quiebra la mentira y brota espontáneamente la compasión hacia el que sufre. La vergüenza de haber infringido un daño irreparable a otro ser humano. Un primer plano no miente, delata. Y tenemos la capacidad de leernos unos a otros.

Pidamos a Dios, para Colombia, “el don de lágrimas”. Sólo desde allí, el sufrimiento dejará de ser un sufrimiento inútil. Mientras no se abra una grieta de Misericordia en los corazones de piedra, no habrá reconciliación real ni moralmente defendible.

*Periodista*Defensora de DD.HH. 

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