¡Inaudito!

¿Cómo es posible que teniendo en Colombia el conocimiento para salvar a la humanidad del coronavirus y de otras pandemias, sea tan notoria la resistencia a financiar la vacuna químicamente hecha? Sí. La razón es simple: todos quieren la patente.

Es duro llamar las cosas por su nombre. Pero la negativa del científico Manuel Elkin Patarroyo a regalar 45 años de trabajo, como pedestal para encumbrar a tantos oportunistas de última hora,  le ha costado no solo el retraso en la investigación que cambiará el método para hacer vacunas, sino una peligrosa animadversión desatada contra él, por lo que en este país es una debilidad: decir la verdad, no ser políticamente correcto y no tener intereses económicos.

Y hoy, que la ambición económica de las multinacionales farmacéuticas se convirtió en un poder que llegó para desestabilizar los equilibrios geopolíticos, estas no renunciarán a lo que significa la dependencia indefinida de los gobiernos y de la humanidad entera a las sucesivas vacunas y refuerzos biológicos que, se prevé, no lograrán detener las pandemias presentes y venideras, pero si dejarán exiguas las ya débiles economías de los países más pobres. El método de fabricar vacunas biológicas va camino de caducar y conscientes de esta cruda verdad, gobiernos como el de Joe Biden en E.E.U.U., destinaron 1500 millones de dólares para investigar una nueva metodología.

En este panorama, es inaudito que no se financie en Colombia la fase final de esta investigación del científico Manuel Elkin Patarroyo. ¡¡¡Reaccionen señores y señoras!!! No es tiempo para cálculos y vanidades, es la sobrevivencia de la humanidad la que está en juego. Con seguridad también pasarán a la historia ustedes y sus descendientes, como quiénes extendieron la mano con generosidad para que desde esta nación tan golpeada por diversidad de males, salga la vacuna supramutacional contra el covid y las fórmulas químicas que inmunicen a la humanidad.

Según Patarroyo, “el problema con las vacunas actuales es que sólo utilizan una proteína. Están hechas de una sola de las moléculas con que el virus infecta. Existen cerca de 81 variaciones genéticas. El método de elaboración de vacunas biológicas está empantanado y somos uno de los países más afectados por la pandemia.” ¿Se necesitarían más razones para jugársela toda por esta investigación que ha llegado tan lejos?

El argumento que ha servido para «justificar» este freno a Patarroyo cayó estruendosamente. Lo han perseguido los animalistas, de manera implacable, por la  utilización de los monos para hacer estudios de seguridad, monos que sobreviven y son liberados. Sin embargo, durante esta pandemia  los animales de prueba fuimos los seres humanos. Estamos viviendo una fase de ensayo y error. Las primeras vacunas se aplicaron 45 días después de darse a conocer la estructura química del virus.

Llegó la hora de pasar del tubo de ensayo con las vacunas biológicas a un nuevo y revolucionario método químico de fabricación. Ciento por ciento genio colombiano.

*Periodista*Defensora de DD.HH. 

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