Voto en blanco y preclusión

El senador Bolívar fue derrotado por el voto en blanco. Fue un pequeño grito de independencia. No podía ser segundo vicepresidente del Senado quien ha sido financiador, defensor e impulsor de la primera línea responsable de los bloqueos que desaparecieron empleos, atacaron miles de empresas y rompieron la seguridad. No podía ocupar esa dignidad quien estigmatiza con palabras como cerdos, tombos y asesinos a la institución de la Fuerza Pública. No podía ser y no fue.

Las dignidades en el Congreso son honores que no solo hacen un partido a un congresista al escogerlo y postularlo como candidato, son honores que pasan por el voto favorable de las mayorías. Finalmente, es la mesa directiva de todos. Bolívar disgusta por su discurso de odio y destrucción; por su irrespeto a los valores democráticos y por su desprecio por el sacrificio de tantos hombres y mujeres de las Fuerza Armadas.

Han vuelto a aplazar la audiencia de preclusión del Presidente Uribe. Es una estrategia que vienen adelantando las supuestas víctimas. El ex fiscal Montealegre y su vice fiscal Perdomo. Ambos señalados por declaraciones de la exfiscal Hilda Niño, según las cuales desde sus cargos en la Fiscalía buscaban presionar paramilitares para conseguir testimonios contra Uribe y su hermano. Montealegre también está señalado por los polémicos y multimillonarios contratos con Natalia Springer por más de 4 mil millones de pesos y el fabuloso escándalo de la supuesta universidad de la Fiscalía, que en dos años nos costó 31mil millones de pesos, y que solo tuvo 23 estudiantes. Montealegre, siendo presidente de la Corte Constitucional, renunció a esta altísima dignidad para convertirse en el abogado defensor de Saludcoop -uno de los peores escándalos de corrupción en la salud de los colombianos-.

Monsalve se convierte en el testigo estrella contra Uribe al afirmar que como paramilitar conoció a Uribe. Las investigaciones en todos los archivos de Justicia y Paz muestran que jamás apareció como para o como desmovilizado. Se trata de un delincuente común que encontró en sus falsos testimonios contra Uribe un mecanismo para obtener beneficios. Y lo raro, es que termina este preso casado con la otra “víctima”, alias “la Chiqui”, Deyanira Gómez, quien aparece en los informes de inteligencia como cirujana de las Farc, compañera sentimental de guerrilleros, en continua comunicación con jefes guerrilleros y médica a su servicio en el Cañón de las Hermosas. ¡Qué casualidad!

En la audiencia apareció otra “víctima” el abogado Luis Alfredo Castro Barón, quien asegura representar al Padre Abel de Jesús Barahona, desaparecido en 1996. Desconocía hasta hoy el macabro caso. Según narra el abogado en una columna en Las dos orillas, el sacerdote era su primo hermano, y era propietario de una finca muy valiosa sobre la autopista norte de Bogotá en la calle 191. La finca El Carmen pretendía ser robada y ha venido siendo robada con una truculenta historia de la que hace parte la desaparición del Padre con otras tres personas. Nada tiene que ver el Presidente Uribe. ¿Querrá el abogado Castro llamar la atención sobre este caso de corrupción y asesinato? El resultado es una nueva dilación para la necesaria preclusión de esta infamia contra Uribe. ¿Quién está detrás? ¿Con qué propósito?

*Senadora 

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