Joe Arroyo: un ídolo caribe contemporáneo

Por:
OSVALDO
MANJARRÉS FUENTES

Este es un trabajo narrativo musical, como homenaje póstumo al ídolo caribe: El Gran Joe Arroyo (Álvaro José Arroyo González, su propio nombre); porque, a pesar de sus grandezas y pesares fue, como afrodescendiente, un hombre humilde dentro de su contexto, también una rebelión musical. Dentro de su ser había, contra aquel español de los años 1.600 una rebelión:

Quiero contarle mi hermano / un pedacito de la historia negra, de la historia nuestra, caballero / En los años mil seiscientos / cuando el tirano mandó / las calles de Cartagena / aquella historia vivió / La rebeldía épica expone otra expresión: Él le daba muy mal trato / Y a su negra le pegó / y fue allí, se rebeló el negro guapo/ tomó venganza por su amor /.

Independientemente de su música salsa, Joe, como cantautor, interpretó y ejecutó variados ritmos, con su tumbao; El Son montuno, música folclórica contemporánea colombiana. Con su voz inconfundible latinoamericana hizo sonar cumbia nativa en grandes componentes orquestales. Y, si cantó también boleros y champetas; en su repertorio no podía faltar la creatividad folclórica, se inventaba una conversión rítmica con su orquesta, orgullo de nuestro Caribe: El Chandé, Él le daba un exquisito trato: ¡Acuá ¡De Colombia mi Chandé. Trato, trato, ¡que ingrato qué !./… Ya me tiene convertido en garabato /.

No hay necesidad de escuchar todo el texto de la canción para pensar que es una sátira, o un llamado. ¿A quién?, Cada noche agazapado como un gato/

Había una vez un niño que se imaginó cantante, que no solo le gustaba la salsa en el pescao, le encantaba también contar historias a ritmo de salsa, cantar historias profundas, casi de conflictos, quizás de Colombia, que se conozcan algunos versos de “La Guerra de los Callados”.

La noticia se ha regado, / ¿ Qué cosa será ¿/ La guerra de los callados! /, Declarada está / Todo el mundo está enterado / Confusión total / La Guerra mata al hermano / Sin discriminar /.

Solo tenemos que remitirnos a determinadas época de la historia contemporánea de nuestro país para recordar aquellos tiempos mal vividos. Los artistas de la música recorren y conocen los vericuetos de la vida, ésta los apasiona sin distingos de raza o clase social, las mujeres los abrazan, lo besan, se los tragan, pero también conocen la tristeza de esas vivencias y, en medio del recorrido de la vida le cantan al amor. Fue lo que hizo Joe con su mujer Mary Luz Alonso, quien fue su esposa por varios años. con él, de todas maneras, al final de cuentas le dedicó en especial una composición. Aquí unos versos:

Mi Mary, mujer seductora y sensual / boca encantadora /, capaz de hacerme olvidar dolores / Si no fueras mía / yo no sé qué haría sin ti /

A Joe el cantante se le presentaron muchos caminos musicales para escoger. Joe Arroyo, la persona: un verdadero caminante de la música y de la vida. “El Caminante “la compuso para su amigo y colega Wilson Manyoma, cuando éste se separó, en un momento, de “Fruko y sus Tesos”.

No es preciso decirte de dónde vengo / simplemente la vida lo quiso así / ya mañana temprano / seremos dos extraños /… Y no me preguntes por qué me fui / (un verso identificador del caso).

Había una vez un pequeño cartagenero que comenzó su carrera musical desde temprana edad. Es decir, comenzó a cantar desde muy niño en centros nocturnos de Cartagena, pero su consagración musical la vivió en Barranquilla, prácticamente.

Como hijo adoptivo de esta ciudad le dedicó la canción. “En Barranquilla me quedo” (la que le encanta al periodista barranquillero Roberto Llanos Rodado). Sin embargo, “El Centurión de la Noche, se puede decir, es un tema de contexto universal. De ella dijo Mauricio Silva Guzmán, periodista y escritor bogotano que era “Una vida contada”. Colombia tuvo un hijo de hogar humilde sin padre presencial, que salía por la mañana y regresaba por la madrugada, Con su metálica voz natural contó también: Aurora, aurora / soy centurión de la noche / mírame aquí, sin dormir… ¡Oh! Llegó el alba (verso posterior) Versos para su propia vida trasnochada y placentera.

Y qué tal esta letra con un referente filosófico, que a todos nos llega: He resistido huracanes / he pasado tempestad tempestades / soy el viento, soy la brisa /… la hoguera que te da sombra… yo fui arca de Noé… de todas maneras será / cuando tú mueras / será mejor madera: Ataúd / En esto Joe Arroyo concibió toda una filosofía de la vida. El Hombre como mortal de la humanidad, porque el Hombre, desde la cuna hasta la muerte, toca madera.

Cuando, por primera vez, escuché esta composición, recordé un poema de Rabindranath Tagore (escritor y filósofo bengalí, 1861-1941). Comparado los dos trabajos pude analizar que hay algunos versos semejantes. De pronto una idea concebida por Joe. No sabemos, pero tampoco es un plagio; los dos textos con incuestionables. Lo mejor: A pesar de que Joe Arroyo no tuvo una fuerte preparación académica, algunas de sus trabajos musicales tienen componentes históricos – políticos, sociales, étnicos, liricos épicos. Canciones que nunca se irán al olvido, porque Colombia no te olvidará.

En noviembre del 2011, se le otorgó, simbólicamente, El Grammy Latino: Excelencia Musical.

Álvaro José Arroyo González, “El Gran Joe Arroyo”, no solo le encantaba el Carnaval de Barranquilla, también Barranquilla como ciudad. Le apasionaba y la disfrutaba en cada momento oportuno. Fue el rey de Congos y Supercongos carnabarranquilleros, y no le podía faltar una ingeniosa creatividad musical para cantarle a la arenosa:  “En Barranquilla me quedo”.

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