¡Pilas, cafeteros! 

El escenario que actualmente se presenta para el mercado del café es inmejorable, y no dudamos en afirmar que estamos frente a una auténtica bonanza. ¿Cómo administrarla? Ahí está la clave.

Cafeteros y gobierno tienen que ponerse de acuerdo para definir unos parámetros muy precisos sobre como aprovechar este escenario, en donde los precios internacionales se han duplicado, a la par que el dólar alcanza los niveles mas altos de los últimos años, lo que equivale a un doble motivo de generación de recursos, que si se agrega el hecho de que la producción cafetera de Colombia haya pasado en corto tiempo de 10 a 14 millones de sacos, nos implica que estamos produciendo un 40% mas que los estimativos históricos. Es decir, los astros se encuentran alineados en torno del café.

Esto significa que habrá mucha plata de por medio, que es necesario aprovecharla de la mejor manera, para que por un lado la caficultura se pueda fortalecer y salir de sus males tradicionales, y por otro los caficultores puedan ir mas allá de hacer fiesta y gastarse la plata en lo que no deben, para que efectivamente puedan mejorar su calidad de vida.

Es necesario, primero que todo, ahorrar para la época de vacas flacas; los precios del café, así como suben, bajan; y es por ello que el ahorro debe servir para aquellos periodos en donde el precio no es el esperado.

Por otro lado, una buena parte de esos ingresos deben ir a la mejora de la infraestructura de las zonas cafeteras: agua potable, vías, centros educativos y alternativas para la atención de la salud.

También hay que pensar en que una tajada esté dirigida al robustecimiento de los mercados internacionales, pues el consumo del café se expande en los países asiáticos, a donde están llegando en mayor proporción otras opciones diferentes al café colombiano. Su marca de calidad no ha sido suficientemente explotada, lo que quiere decir que ese espacio hay que llenarlo con alternativas de mercadeo creativas y de gran impacto, que no ha sido posible diseñar.

Y que esa inversión tenga una cabal vigilancia, en donde sea posible presentar balances periódicos sobre la forma en que está operando la inversión, para que no nos vayamos a llevar una sorpresa al final de la película.

De las cosas difíciles en el mundo, ésta de administrar bonanzas, pues casi siempre el resultado final indica que los beneficiarios se encuentran en peores circunstancias a las que estaban antes de la avalancha de recursos.

Este escenario, significará una enorme prueba para la eficiencia del Estado, en donde se debe exhibir todo lo mejor, para que estas oportunidades resulten ser efectivas alternativas de crecimiento y desarrollo.

*Abogado 

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