Congreso y la calle 

Quiero encomiar el gesto que han hecho los miembros del Comité del Paro al buscar la vía del Congreso para tramitar como proyectos de Ley las demandas que alimentaron la protesta social que se inició el 28 de abril.

Esta actitud plantea un tema muy significativo. El de las relaciones entre la oposición parlamentaria y la que se denomina extraparlamentaria; o sea, que se ejerce desde la calle, los medios de comunicación, las redes sociales, los gremios, los centros de pensamiento, y, claro está, la actividad intelectual y cultural.

Un asunto complejo del cual no se encuentra una literatura abundante, es el de las relaciones entre las distintas formas de oposición. Y es bien diferente en un régimen parlamentario cuando se compara con uno presidencial.

Siempre me ha sorprendido que miembros de las bancadas de oposición se quejen porque algunas iniciativas legislativas que presentaron no fueron aprobadas. Mi primera reacción ante esas quejas es muy simple: el oficio de la oposición no es el de legislar, ese es el oficio de la mayoría de la cual, es obvio, no forma parte la oposición.

Como es bien sabido -ojalá no lo olviden y obren en consecuencia- la principal tarea de la oposición o de los grupos que la integran es la de prepararse para llegar al gobierno en las próximas elecciones y no la de comenzar a gobernar desde la minoría. Su misión es la de criticar al gobierno y sobra decirlo, la de mostrar las fallas de las propuestas legislativas de los diferentes Ministerios.

Tan sólo en casos muy extraordinarios la oposición hará el gesto patriótico de apoyar proyectos de ley indispensables o urgentes para superar coyunturas críticas. Así mostraría ante la ciudadanía que son responsables y patriotas. Y si en una situación así pueden ofrecer una solución claramente mejor y más viable que la del gobierno, pues mejor, mucho mejor, porque así mostrarían que sí están preparados para gobernar, que es su vocación política.

Los proyectos de ley que han llevado a la consideración del Congreso los del Comité del Paro, no deberían presentarse como un acto de oposición sino como un gesto importante de participación ciudadana que apela al organismo constitucionalmente competente para que asuma sus responsabilidades ante una situación que así lo demanda. Espero que esa sea la orientación de la propuesta. De otra manera, los condenarían al fracaso porque la oposición por definición, no cuenta con los votos para aprobarlos.

Si apelan al Congreso como institución, la historia es bien diferente. Por eso, aplaudo que pasen de la calle a la institución que debe ventilar las aspiraciones de la ciudadanía. Entonces, complementarían las iniciativas gubernamentales y, dadas las circunstancias, los grupos de oposición podrían hacer el gesto patriótico de concurrir en el trámite y en el mejoramiento de las mismas. Una gran respuesta institucional ante la crisis. Se diría que un consenso bien oportuno. La ciudadanía toda vería complacida que la vía institucional está funcionando. Así el Congreso recuperaría el prestigio y la credibilidad que ha venido perdiendo.

¿Acaso imposible? Es que el escenario del debate nacional es principalmente, el recinto del Congreso. Y allá, en público y civilizadamente, se deben construir las políticas públicas que la Nación necesita. Y el buen funcionamiento de la oposición contribuye a la gobernabilidad democrática.

*ExMinistro de Estado. 

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