¿Por qué diablos vacunarse?  

Aunque no es suficiente todavía, uno de cada cuatro humanos está vacunado contra la COVID-19. Dos mil millones de personas han entrado en contacto con las vacunas. La humanidad nunca había emprendido un programa universal de esta magnitud, desde que exitosamente llegó a la conclusión que era preferible que todos supiéramos leer y escribir, en vez de seguir analfabetos, ocho de cada diez, como eramos apenas antier en el inicio del siglo XIX. Al paso que vamos, será más exitosa la alfabetización que la inmunidad de rebaño.

Varias falsas noticias se han difundido sobre las vacunas: que producen infertilidad total en ambos sexos; llevan nanochips para espiar a la gente; inoculan otras enfermedades que están experimentando rusos, gringos y chinos; que los chinos desarrollaron el virus para matarnos o, en su defecto, para ponernos una vacuna nociva que los deje dueños del planeta. Hay teorías curiosas como la de contagiarse voluntariamente para inmunizarse sin vacunarse; o vacunar solo un miembro de la familia; o un solo viejo; o ponerse una sola dosis en las de dos; o primera dosis de Sinovac y segunda de Pfizer; o solamente Pfizer porque es la única que se creó contra los chinos. En fin, aparece cuanta fantasía popular quepa en la imaginación y en el bolsillo, como la de vacunarse en Miami y reforzar con otras dos dosis aquí, por si las moscas.

Los colombianos no habíamos emprendido ningún programa con tanta igualdad de oportunidades. A excepción de la iniciativa empresarial de vacunar al diez por ciento de la población ocupada, es decir apenas al cuatro por ciento del total de colombianos, que ayuda pero poco, en la pública todos somos iguales: a determinada edad, determinada fecha de vacunación sin más vainas. Y con igual precio para todos: gratis. Podemos decidir si nos vacunamos o no, libertad con la cual no me siento seguro ni debieran sentirse seguros quienes no se aplicarán la inmunización; lo digo porque una cosa es tener libre albedrío para morir cuando se padece una enfermedad terminal torturadora que no pone en peligro la vida de nadie más, y otra es optar voluntariamente por no vacunarse y así arriesgar la propia vida y la de otros, la de los más queridos y la de aquellos que sí decidieron vacunarse.

Un científico ilustre me dio las cinco razones para ponerse las vacunas: 1- Todas son efectivas, disminuyen el virus que circula, protegen de las complicaciones y evitan casi del todo la muerte por COVID. 2- Son seguras. El riesgo de morir por COVID sin vacuna, es infinitamente mayor al de fallecer por vacunarse o por tomar un bus o un taxi para ir al puesto de vacunación. 3- Protegen más que la inmunidad por contagio. Haber tenido COVID no es suficiente inmunización. 4- Protegen de las nuevas variantes. Como la derrota de la pandemia depende de que la gran mayoría de las personas se vacune, si eso no sucede el riesgo de mutaciones se hace mayor y más veloz. Por ahora, todas las vacunas disponibles son efectivas contra la COVID y sus variantes; que tal condición se mantenga, depende dramáticamente de que nos vacunemos. 5- Vacunarnos casi todos es la manera de retomar las actividades cotidianas. Si la gran mayoría está vacunada, la reapertura económica es posible y segura. Los que no se vacunan, están contra la recuperación y la retoma de la vida social, familiar y lúdica.

Poquísimos padres, aunque los hay, eligen no vacunar a sus hijos contra la poliomielitis, la tosferina o el sarampión. Debería ser mínimo el número de colombianos que se decida contra le del COVID. Los que se las dan de vivos, pueden morir y llevarse consigo a otros que se han vacunado responsablemente. Si no avanzamos rápidamente para lograr porcentajes cercanos al efecto rebaño, vendrán premios y castigos que ya parecen estar diseñados y listos, como pasa en un creciente número de países.

La viveza colombiana, como en casi todos los casos, es un peligro colectivo. ¡A vacunarse, caramba!

*Exministro de Estado 

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