Carlos Ardila 

Profunda tristeza. Aunque con frecuencia preguntaba por su estado de salud, la noticia de su fallecimiento golpea porque uno quisiera que la vida de este tipo de personalidades no tuviera fin. Una personalidad como la suya es irremplazable. Deja un vacío enorme. Así sus últimos años los hubiera pasado alejado del mundanal ruido.

Personalmente tengo una apreciable deuda de gratitud con Carlos Ardila. Cuando me desempeñé como Embajador en Londres -dignidad que ahora ocupa su hijo Antonio José- él había resuelto pasar su residencia a esa ciudad. Vivía en un apartamento muy cerca de la casa asignada al representante de Colombia, en el tradicional barrio Belgravia, en esa íntima y bella plaza llamada Chester Square. En su apartamento pasamos con mi familia muchos ratos agradables acompañados por su sencillez y su inocultable deferencia. Y nos visitó en varias ocasiones en plan de amigos, inclusive, y no obstante las dificultades que tenía para desplazarse llegaba caminando. Un esfuerzo descomunal pero muy propio de su recio carácter, de su férrea voluntad, de su capacidad de sobreponerse a las circunstancias más difíciles. Su generosidad hacia mi familia se expresó en todos los campos. Y no había cómo corresponder. Y tampoco le hacía falta.

Siendo un auténtico militante del Partido Conservador, su trato con figuras del liberalismo era más que cordial. Difícil hacer la distinción. En mi memoria está vivo el episodio cuando ocurrió la elección de César Gaviria como presidente. Nos había invitado a seguir la transmisión de los datos electorales que él recibía de forma privilegiada. Como era un talento matemático muy pronto concluyó que César Gaviria ya tenía ganada la contienda. Inmediatamente llamó al candidato y le anunció su victoria. Creo que fue el primero en hacerlo. Como que eso también formaba parte de su personalidad. Sí, ser el primero. En todos los campos, como estudiante, como empresario, como innovador y, por qué no decirlo, como amigo y dicen que como patrón. Lo que he escuchado sobre su vida y obra refleja el gran aprecio que lo rodeó y la admiración de quienes trabajaron con él.

Por igual, resaltan su condición de exitoso empresario que su actitud filantrópica principalmente en el sector de la salud. Y su talante personal cariñoso con sus ejecutivos o con sus trabajadores más modestos.

Compartió con resignación los duros momentos que todos vivimos ante las amenazas de secuestro y de otros atropellos. Y su tarea creadora no sufrió mengua. Un gran ciudadano, comprometido con el progreso de su patria, la que llevaba con orgullo en su corazón.

A Colombia le hace falta una narrativa que exalte a los ciudadanos que han llevado una vida paradigmática. Es vital que se destaquen las realizaciones meritorias de quienes han logrado la cumbre del éxito por su dedicación, por sus virtudes, por el anhelo legítimo y admirable de triunfar. La biografía de Carlos Ardila debería ser bien conocida por todos porque es un ejemplo que debe inspirar a muchos. Así lo conocí, así lo recuerdo, así anhelo que lo conozcan los colombianos tan necesitados de ejemplos que imitar.

Comparto con su familia y sus amigos y trabajadores el sentimiento de dolor por su partida. Mi señora, mi hijo Manuel José, mi hija Adriana – que lo tuvo prácticamente como su consentidor abuelo en Londres- siempre guardan un grato recuerdo de su calurosa personalidad.

​*Exministro de Estado 

Notas Relacionadas