¿La democracia necesita una re-invención?

Hace ya varias décadas que la democracia, como forma de gobierno y como proceso paradigmático de toma de decisiones, evidencia graves dolencias que ponen en cuestión su eficacia y pertinencia. No es suficiente con predicar los principios fundantes, libertad e igualdad, ni aún principios más recientes como la tolerancia o el respeto por la diferencia y la diversidad. Pero tampoco lo es lo predicado por los cultores a ultranza de la ‘democracia liberal’ como forma de gobierno, cuando hablan de elecciones periódicas, principio de la mayoría y respeto de la minoría, pluralismo –con énfasis en pluri-partidismo-, tri-división y autonomía de poderes, rendición de cuentas. Porque el descontento con la democracia se incrementa, y una de sus expresiones es la renuencia a la participación electoral, pero igualmente la escasa credibilidad en las instituciones, los gobernantes, los representantes –que con frecuencia una vez elegidos no representan realmente la opinión de quienes los eligieron-, en fin una precaria legitimidad. Para no hablar de la poca relevancia que se le da a los derechos sociales y económicos como compromisos de la democracia. Sin embargo, no parece haber por el momento, ni un procedimiento, ni una forma de gobierno, que parezca superior a lo que nos ofrece la democracia.

Por ello, diversas voces han planteado en los últimos decenios la necesidad de re-pensar la democracia y sus procedimientos; parte de las respuestas de las últimas décadas fue buscar combinar mecanismos de democracia representativa con otros de democracia participativa y aún directa.

Lo anterior hace relevante el llamado y convocatoria del Presidente norteamericano Joe Biden a líderes del mundo democrático a reflexionar alrededor de la democracia; más allá de si esto parece situarse, a su vez, en la controversia global de Estados Unidos con China por el predominio global y en la búsqueda de retomar el rol global de líder del llamado ‘mundo libre’. Los temas del encuentro, que se espera realizar en diciembre, tienen que ver con: i) la defensa contra el autoritarismo, ii) la lucha contra la corrupción, iii) la promoción del respeto a los derechos humanos.

Pero, es pertinente hacer unas primeras anotaciones sobre los temas propuestos, en primer lugar, es evidente que el respeto por los derechos humanos debe ser un principio fundante del régimen democrático, no sólo los derechos humanos individuales, sino también los derechos humanos colectivos, económicos y sociales que toda democracia debería garantizar activamente, a través de sus políticas públicas –por ejemplo, no parece compatible con el discurso democrático el tratamiento que se le dan a las poblaciones migrantes por razones políticas, pero también económicas y sociales-.

El autoritarismo puede convivir con las formas de la democracia; o como explicar cuando hay gobernantes o partidos políticos que acudiendo a las reglas de la democracia se perpetúan en el ejercicio del gobierno –¿cómo garantizar que la alternancia sea una realidad y no un discurso vacío?-, o cuando una de las ramas del poder público termina subordinando o peor aun sometiendo a las otras ramas, dentro de las formalidades democrática -¿cómo lograr que efectivamente haya una autonomía entre las ramas del poder público?-; y cómo hacer efectivo que todos los partidos políticos o candidatos tengan igualdad de condiciones en términos electorales.

Similar reflexión se puede predicar de la convivencia de prácticas de corrupción con formalidades democráticas, de lo cual estamos colmados de ejemplos en muchas sociedades, tanto del llamado mundo desarrollado como de las sociedades denominadas en desarrollo.

Bienvenida esta convocatoria del Presidente Biden, pero el problema exige ir mucho más allá de unas reuniones de gobernantes y debe avanzarse hacia fórmulas y propuestas de funcionamiento de las democracias que ameritan cambios profundos.

*Profesor universitario 

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