Derechos de las mujeres y los talibanes

¡Hay miedo en Afganistán! Hombres y mujeres temen lo que les puede pasar con el triunfo de los talibanes. Todos se preguntan si serán forzados a regresar a las condiciones de vida impuestas por estos extremistas musulmanes durante su gobierno en la última década del siglo XX.

Volverán a patrullar pueblos y ciudades, camionetas con talibanes armados con cables de goma para golpear y humillar a hombres y mujeres que ellos consideren están infringiendo su interpretación de la ley sharía, o ley islámica. Los hombres eran ser azotados públicamente, simplemente, por no tener la barba del tamaño obligatorio. Las mujeres por no tener el burka del largo requerido, o por tener las uñas pintadas, o por salir a la calle sin un “guardián”, o sea, un miembro masculino de su familia.

¿Se prohibirá, otra vez, toda clase de música, canto, televisión o cine, reuniones sociales, bodas festivas con asistencia de hombres y mujeres, conversaciones entre mujeres en las calles? ¿Volverá a cubrirse el país del silencio demandado por los talibanes?

El regreso del gobierno talibán al poder es un duro golpe para la mujer afgana. Todos los derechos adquiridos en los últimos 20 años pueden ser suspendidos en un segundo. Sin miramientos, sin compasión, sin excepción.

Quizá las veremos, otra vez, usando el burka, la detestada y humillante manta que las debe cubrir de cabeza a pies con solo una “ventanilla” sobre el rostro para poder respirar. Quizá las niñas no puedan regresar al colegio, si son mayores de 9 años, ni mucho menos puedan las jóvenes continuar asistiendo a las universidades. Quizá no puedan regresar a sus trabajos, obtenidos con tanto esfuerzo.

Para las mujeres del mundo fue tranquilizante ver a las afganas desarrollar sus talentos como médicas, científicas, periodistas, escritoras, maestras, traductoras, artistas, policías, aún como políticas, trabajando en el gobierno y participando con su voto en las elecciones, inclusive como candidatas. En los últimos 20 años fue emocionante verlas tratadas como seres humanos independientes y respetados, no como apéndices o esclavas de sus maridos. Pero, todo esto, y mucho más, está ahora en juego.

En su primera rueda de prensa, luego de su retoma del poder, el mensaje talibán pareció ser esperanzador para los afganos en especial para las mujeres. Calmadamente Muajahid, jefe provisional del nuevo gobierno, afirmó: “Se respetarán los derechos de las mujeres, siempre y cuando estén en el marco de la ley islámica”. Aseguró que las féminas podrán continuar con su estudio y su trabajo y no serán castigadas por haber “colaborado” con el gobierno derrotado o las organizaciones y fundaciones internacionales.

Lo grave es que, según su extrema interpretación de la sharía, las mujeres no deben estudiar ni trabajar ni, mucho menos, salir a la calle, a menos que estén acompañadas por un hombre o “guardián”, de su familia.

De hecho, ya hay informes que en los pueblos han sido cerradas escuelas y se ha prohibido a las mujeres salir a las calles. Inclusive se sabe que algunas jóvenes han desaparecido y otras han sido entregadas a los soldados para su “uso” como castigo por su descarrío en los últimos años. Hay poca garantía o esperanza para ellas. Los talibanes pueden convertirse en una tragedia para las afganas. ¡Hoy, lloramos por ellas!

*Escritora 

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