Wade Davis navega en lo más profundo del Magdalena

 El próximo año, el Salón Nacional de Artistas estará dedicado al arte, la cultura y las historias en torno al Río Magdalena, un afluente clave en los distintos aspectos de la historia, del presente y del futuro para el país.

El año pasado Wade Davis publicó su primera versión en inglés, y ahora, se edita en español de ‘Magdalena: historias de Colombia’, un recorrido que busca entregar los elementos necesarios para entender un poco más la complejidad de un territorio como el colombiano.

En 480 páginas el antropólogo canadiense, Wade Davis, quien recibió la nacionalidad colombiana hace algunos años, plantea por qué el  río Magdalena es la principal razón por la que Colombia existe como nación.

Tras sus años de estudio e investigación, narra cómo este río permitió a los colombianos establecerse en un territorio que es de las geografías más complejas de todo el planeta. Por décadas, fue el corredor a través del cual las poblaciones de buena parte del país se podían conectar, con intercambios económicos, sociales y culturales.

Los datos son reveladores. En la cuenca del Magdalena viven cuatro de cada cinco habitantes del país y es la fuente del ochenta por ciento de la riqueza económica de la nación.

El Magdalena es al mismo tiempo corredor de comercio y fuente de cultura; es el manantial del que nacen la música, la literatura, la poesía y las plegarias de Colombia. En los tiempos más oscuros fue convertido en cementerio, una corriente amorfa de muertos, además de campo de guerra.

“Sin embargo, siempre regresa como un río de vida. Durante los peores años de violencia, el Magdalena nunca abandonó a su gente. Siempre fluyó. Quizás ahora, como sugiere este libro, resultado de cinco años de viajes desde el nacimiento del río en el Macizo Colombiano hasta su desembocadura en Bocas de Ceniza, sea el momento de retribuir sus esfuerzos y dejar que se depure de todo lo que ha mancillado sus aguas”, se relata en el prólogo del libro.

En una forma de intentar entender el Magdalena se le ha dividido en tres secciones: Alto, Medio y Bajo, entre fronteras inciertas, con límites en constante movimiento, pero que ayudan a distinguir sus diferencias geográficas, históricas y culturales.

El autor pudo explorar el Magdalena en todas sus dimensiones, desde el nacimiento hasta la desembocadura, desde los altos del Macizo Colombiano hasta las playas de arena y roca de la Costa Caribe, durante los distintos meses del año y en cada cambio de temporada.

En total realizó cinco extensas incursiones al río: dos con el equipo de Savia, dirigido por Héctor Rincón y Ana Cano, para investigar todo su sistema de drenaje, y dos que lo llevaron a explorar el Magdalena Medio y las tradiciones musicales de la parte baja y las planicies del Caribe colombiano.

La quinta lo condujo de nuevo a visitar a los mamos arahuacos, viejos amigos de su época en la Sierra Nevada.

Una declaración de amor al país, pero una invitación para volver la mirada hacia el Río Grande, el mismo que inspiró muchas canciones y poemas con sus atardeceres únicos y amaneceres increíbles.

“Los viajeros suelen enamorarse del primer país que atrapa sus corazones y les permite ser libres. Para mí, ese país fue Colombia. Sus montañas y sus bosques, sus ríos y sus ciénagas, sus misteriosos páramos, y la belleza y el poder que alberga cada valle tropical y cada nevado ecuatorial me abrieron las puertas a un mundo inmenso, un mundo que pasaría conociendo por el resto de mi vida. De maneras que me resultan difíciles de explicar por completo, Colombia me enseñó, aún siendo muy joven, a soñar y a imaginar”, aseguró el autor, quien ha publicado más de 20 libros, entre ellos, ‘El río’ (1996), ‘La serpiente y el arcoíris’ (1997), ‘Sombras en el sol’ (1998), ‘La selva húmeda’ (1998), ‘El leopardo ensombrecido’ (1998) y ‘Los guardianes de la sabiduría ancestral’ (2009).

/Colrpensa

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