Ana Cecilia Almanza y su legado de ‘Amor a la música colombiana’

Carlos Julio, Ana Margarita y Milena María Cuao Almanza, asumieron la dirección de la Fundación Ana Cecilia Almanza (q.e.p.d.) para continuar dándole vida  al legado cultural y musical que les dejó su progenitora.

Hablar de Ana Cecilia Almanza es sumergirnos en todo un océano cultural, donde la música es la barca que nos transporta a través de mares infinitos de melodiosas canciones y de inmortales partituras, escritas por grandes compositores colombianos.

Sabemos que era licenciada en Ciencias Sociales de la Universidad del Magdalena y presidenta de la Fundación Cultural que lleva su nombre. Hija del abogado Rodrigo Almanza Granados y Ana Cecilia Campo de Almanza (q.e.p.d.) y  la mayor de sus hermanos: Osvaldo, Doris, Genith, Margarita y Rodrigo José.

Su hogar lo constituían, su esposo Gustavo Cuao Campo, músico percusionista y sus cuatro hijos: Ricardo José (q.e.p.d.), Carlos Julio, Ana Margarita y Milena María.

Provenía de una familia de músicos. Su abuelo materno, Antonio Campo, fue flautista de la Banda de Músicos del departamento del Magdalena. Y por parte de padre, su tío, Dagoberto Almanza Granados, fue pianista de la Orquesta del Maestro Pacho Galán.

Además, desde niña, su padre, que era amante de la música, la acostumbró a escuchar composiciones clásicas y colombianas.

Su primer acercamiento al canto se dio en el colegio, específicamente en el Festival Estudiantil de la Canción del Liceo Celedón, que organizaba el profesor  Rafael Muñoz Escárraga, desde donde tuvo la  oportunidad de representar en otros festivales al departamento del Magdalena.

Durante 29 años y unos meses, Ana Cecilia Almanza, entregó alma, vida y corazón al proyecto: Concierto de Amor a la Música Colombiana, actividad en la que materializó su sueño de rendir tributo a los maestros que han dejado huella en la historia musical de nuestro país. Un espacio de gratos recuerdos por varias generaciones que tuvieron la oportunidad de escuchar bellísimas canciones colombianas en la voz de esta gran mujer. Voz que enamoraría al  maestro Lucho Bermúdez  y quien la invitaría, luego de una participación en la Media Torta en la ciudad de Bogotá, a ser parte su orquesta.

Aquellos conciertos eran una fiesta musical donde confluían la alegría y el baile, y los oídos se deleitaban con aquellas canciones de antaño, que llenaban el ambiente de sentimientos y emociones, tanto para el público, como para los homenajeados presentes.

El deseo de Ana Cecilia Almanza por salvaguardar la música colombiana e inculcar el respeto que merece, la llevó a realizar una ardua y hermosa tarea con la enseñanza a cientos de niños y niñas de nuestra ciudad, a quienes dedicaba horas de  incansable trabajo, donde compartía con ellos su experiencia musical y sembraba el deseo de conocer canciones de memorable remembranza como: La Piragua, Carmen de Bolívar, Pesares, Oropel, Espumas, Colombia Tierra Querida, La Casa en el Aire y la vida de maestros como: Jorge Villamil, Rafael Escalona, José Barros, Ester Forero, entre otros.

Asimismo, incentivó en ellos el amor por aquellas composiciones dedicadas a la Perla de América y en cada aniversario de la ciudad dos veces santa, con banderas blancas y azules rendía un gran homenaje a esta ciudad mágica.

Inquieta por el porvenir de las cosas, nunca descansaba. Cada proyecto que terminaba era la posición de salida para iniciar nuevamente la carrera para la realización del siguiente.

Pero la vida da muchas vueltas y los designios del Omnipotente son difíciles de comprender. Ana Cecilia enfermó gravemente a principios del mes de julio de este año a causa del terrible virus que aún azota nuestros días. Sin embargo, siempre estuvo pendiente de las actividades planeadas para la celebración de los 30 años de su proyecto y que no pudo celebrar, pues su alma partiría más pronto de lo pensado a encontrarse cara a cara con el Creador.  Su partida ciñó de luto a la cultura samaria. Familiares, amigos y allegados desconcertados por la dura noticia, lamentaban la pérdida de la que fuera llamada la “Novia de Santa Marta.”

Pero su legado y la llama ardiente de su amor por la música colombiana no sucumbieron ante esta penosa situación. Sus hijos tomaron la batuta y con la fuerza y la tenacidad que su madre les enseñó y les demostró a lo largo de su tránsito por esta vida, lograron, con excelsos méritos,  llevar a feliz término lo que ella había planeado con motivo de este importante aniversario.

Son ellos los que a partir de este momento tendrán como misión seguir con el mismo amor, con la misma entrega y con la misma pasión el trabajo que la “Novia de Santa Marta” inició hace 30 años.

Sus hijos, seguramente, mantendrán viva la llama ardiente por el amor a la música colombiana, recordando a cada instante la dedicación de su madre por brindarle a la comunidad samaria un espacio donde los pasillos, cumbias, bambucos, vallenatos, entre otros ritmos, son los protagonistas. Asimismo, serán, de ahora en adelante, los encargados de enseñar a las nuevas y próximas generaciones la magnificencia de la música de este hermoso país.

Ana Cecilia Almanza Campo goza seguramente de aquella eternidad de paz a la que todos estamos llamados a disfrutar. Y desde aquel lugar, puede estar tranquila, pues su legado ha quedado en las mejores manos, en las manos de aquellos que tanto amó y de quienes recibió todo lo que pudieron darle.  Su legado seguramente será infinito, como infinitas son las estrellas del firmamento.

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