“Remendar es un acto subversivo”: Margarita Cuéllar

 Entre los comentarios que recibió de sus primeros lectores, en especial lectoras, ellas se han encontrado con un personaje cercano, con el cual se identifican en muchos aspectos, en muchos de los momentos que vive la protagonista de ‘Geografía doméstica’, la primera novela de la escritora colombiana Margarita Cuéllar Barona.

Una historia que se ubica en medio del confinamiento que vivieron países como Colombia en medio de la actual pandemia.

“Yo venía trabajando desde hace algún tiempo algunas historias en torno a objetos de la casa. Cómo una casa encierra historia a través de sus propios objetos. Esas historias las llamaba Mobiliario, y me llamaron para que escribiera un relato sobre el confinamiento, que gustó tanto su relato, que me dijeron que explorara la posibilidad de publicarlo como una novela”, comentó la autora.

Un trabajo que venía desarrollando desde antes de la pandemia, pero que se consolidó y tomó otro camino en medio de los confinamientos y el viaje que la mayoría de las personas debieron hacer rumbo a sus casas, el lugar que llaman hogar.

“A pesar que todos pensábamos que el estar más tiempo en casa generaría mayores momentos de tranquilidad, no lo fue, porque entre niños, perros, alimentación, aseo, trabajo y estudio, fue difícil, pero también fue un momento de mucha creación, son los trancones del transporte, y muchos cambiamos sueño por creatividad, creación”, continuó.

La idea de profundizar en nuestra propia relación con los objetos que nos rodean, donde cada capítulo se dedica a un objeto distinto que es muy usual en la mayoría de casas y hogares colombianos.

“Empecé a pensar en objetos que tuvieran un gran significado dentro de las casas y más en confinamiento, porque no me cabe la menor duda que la bicicleta estática es una hija de confinamiento, con esa necesidad de moverse estando en un mismo lugar al mismo tiempo”.

Una experiencia especial al reflexionar en caliente sobre la domesticidad, con la memoria que trae los enseres, los lugares, las películas, los libros, como la mejor oportunidad para tocar temas como el feminismo, pero también la maternidad, así como el amor y la muerte misma.

“El confinamiento ha golpeado a mucha gente por esa dificultad de proyectarse, porque no puedes hacer planes ni a mediano plazo, porque no sabes en qué momento se volverá a la emergencia  y cierran aeropuertos o ponen más restricciones de movilidad. Es muy difícil seguir la vida sin futuro, porque el presente es lo que tenemos, pero la vida siempre se proyecta a futuro”.

Y agregó: “Pensar en la escritura, como la lectura, también puede ser, como tejer para mí, que al final terminan siendo terapéuticas. El escribir de lo que estás viviendo, como los diarios de viaje, es una posibilidad de poder digerir aquello que uno está vivenciando. A mí esta escritura me salvó porque fue introducir y direccionar toda mi energía creativa. Al mismo tiempo, pensar la casa como un espacio ambivalente, porque la casa en familia es un lugar idealizado por muchas razones, pero también un lugar muy complejo, con muchas disputas, que en el mejor de los casos puede ser un lugar muy amoroso, pero en muchos otros muy violento”.

En estos tiempos, las alarmas se despertaron con el aumentó la violencia intrafamiliar en los hogares de Colombia, por lo que el hogar la casa no para todos un refugio.

“Examinar la casa desde la casa fue genial porque ya quisiera uno poder habitar el lugar que uno está investigando. Qué momento más idóneo que escribir de la casa en medio del encierro obligatorio”.

Y agregó: “Parte del ejercicio que me llevó a pensar la relación entre memoria y objeto, es todo aquello que usualmente no utilizamos pero que guardamos, como un vestido de bautizo, la bufanda, Todos guardamos tesoros textiles de enorme valor, que para otros pueda valer cero, pero que incluso son creaciones de personas que queremos, por lo que se convierten el objeto y el recuerdo a la vez”,

Para la autora, el arte de tejer ha sido feminizado a lo largo de los siglos, siendo asignado al espacio de la casa y en manos de las mujeres. “En los últimos 20 años en el arte se ha visto un resurgir en el campo de las artes textiles, sin vergüenza al hacerlo, así como en algún momento generó verguenza usar brasier por ser un invento de los hombres, bordar y coser era algo de lo cual debíamos liberarnos porque era parte del yugo”.

Y continuó: “una revisión histórica nos demuestra que en efecto las mujeres sí fueron educadas con la aguja y el hilo, pero ello también fue una herramienta de liberación y expresión para muchas. En el libro hay muchas referencias al arte textil, por lo que la portada cuenta con un bordado, lo que las jóvenes están retomando“.

Un acto que impactó en las pasadas olimpiadas cuando un deportista esperaba su turno tejiendo, en una muestra de las nuevas masculinidades.

“Remendar es un actor subversivo, porque al hacerlo está poniendo en jaque un proceso capitalista de consumir. Remiendas un objeto porque lo quieres conservar, porque no quieres comprar otro, porque te importa un pito que se vea remendado, y en últimas, el sistema sufre al no desechar sino conservar. Pareciera que fuera un acto de sumisión o que tiene que ver con la escasez, al contrario, remienda el inteligente, que está consciente que estamos para remendar y no seguir desechando”.

Y finalizó, “La pandemia nos dejó claro que más de la mitad d e las cosas que tenemos en casa no las necesitamos. Lo que solemos comprar es inoperante, porque en la pandemia la mayoría nos hemos concentrado en comprar lo que realmente necesitamos, el mercado, y hemos sobrevivido”.

/Colrpensa

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