La asistencia militar 

Como era de esperarse levantó ampolla la aparición de los militares en las calles de la capital, reforzando con su presencia la operatividad de la Policía  Nacional, por lo que se hacen válidas  algunas  aclaraciones  sobre el asunto, dejando visible de entrada, que la estrategia es aceptada y sustentada en la ley, por lo que no vamos a profundizar en ese aspecto, ya que no es la primera ocasión que la asistencia militar se utiliza frente a situaciones especiales, con excelentes resultados. Tampoco caeremos en la trampa de analizar cuándo si y cuándo no es viable este recurso, lo importante es la oportunidad y necesidad de emplear esta alternativa, porque la seguridad de las ciudades es primordial y toda estrategia para brindar tranquilidad y sosiego a los ciudadanos es válida.

Ahora, que es una actividad temporal con fines establecidos, medibles y sustentados, no está en discusión por ser un requisito indispensable sin el cual no sería posible comprometer la imagen prestigiosa de una institución y sus hombres por decisiones apresuradas y poco calculadas. Además, tenemos claras las limitaciones en la operatividad de cara a la ley y la Constitución, pero bástenos entender que estos grupos de soldados, con sus mandos, serán un factor disuasivo para la delincuencia en todo sentido y una vez llevado el problema al punto de equilibrio, estos hombres regresarán a sus unidades para atender los frentes de su misión.

Sabemos que la operatividad policial no es fácil de ejercer, por lo tanto, en estas actividades de asistencia existe una coordinación de mando y enlace, donde siempre estará presente un delegado de la policía para orientar y facilitar la tarea, evitando que las unidades caigan en exceso o abusos; ante lo cual los militares reciben una instrucción en la especialidad de policía militar, que si no es una actividad netamente de policía ciudadana, si tiene tintes de relaciones y conocimientos en procedimientos direccionados a restablecer el orden y la cordialidad. Las críticas por el armamento largo que portan los soldados demuestran un desconocimiento en la diferencia que existe entre presencia discusiva y procedimientos de policía, saltando a la palestra preguntas como la posibilidad de capturar y reducir delincuentes, por parte de los militares, realidades que no se escapan al cálculo de los mandos y contemplados en el plan de trabajo con instrucciones claras y precisas que no son del caso explicar.

Desafortunadamente existen voces que descalifican la estrategia sin suficientes argumentos, simplemente son detractores de las democracias con anhelos de ver fracasar el plan, en perjuicio de la ciudad que en ultimas es la gran perdedora ante estas explosiones delictivas a todo nivel. Por último, nuestras condolencias para las familias y la institución, por los decesos de esos héroes en cumplimiento de la misión.

*ExDirector de la Policìa Nacional 

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