Acumular reservas internacionales

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Es hora que el Banco de la República vuelva a comprar dólares, por dos razones: se necesita aumentar las reservas internacionales y porque hay que presionar al alza el precio del dólar e impedir la gripa holandesa que nos produce la subida del precio del petróleo.

Veamos las reservas internacionales: Colombia tiene 47.600 millones de dólares, que parecería un monto adecuado, porque es mucha plata y es el más alto de la historia. Pero acá no importa el monto absoluto sino que se debe ver en relación a otras variables del sector externo y en particular al tamaño de los pasivos externos del país. La situación preocupa.

Como le pasa a cualquier empresa, un país se tiene que endeudar cuando sus egresos corrientes son mayores que sus ingresos. Eso le ha pasó a Colombia en lo que va corrido del siglo por la imperante política de apertura hacia adentro y de permitir durante más de una década la funesta revaluación del peso.

A principios del siglo los pasivos internacionales del país eran de USD 22.300 millones, pero desde entonces, a pesar de los enormes ingresos de la bonanza petrolera, crecieron mucho más los egresos por compras al exterior y hasta el 2014 se acumularon déficits en la cuenta corriente de la balanza de pagos por USD 90.000 millones, así que los pasivos subieron a USD 112.000 millones.

Sin embargo, en el mismo período el Banrepública intervino en el mercado, comprando dólares, y las reservas llegaron a USD 47.300 millones, y el indicador reservas/pasivos mejoró de 0,4 a 0,43.

Con la caída de los precios del petróleo el déficit aumentó y en 2017 los pasivos internacionales eran de USD 146.000 millones (cerca de 50% del PIB). Como el Banco dejó de comprar dólares (incluso en 2016 vendió 255 millones), las reservas se mantuvieron constantes y el indicador se deterioró hasta 0,32. Para volver a la cobertura promedio de la década pasada y tranquilizar a las calificadoras, se necesitaría que el Banco comprara USD12.000 millones.

La otra razón para intervenir en el mercado cambiario es evitar la revaluación producida por la mayor oferta de divisas generada por la subida del precio del petróleo. Es cierto que el dólar se debilitó frente a la mayoría de las monedas del mundo, pero entre los países emergentes el peso colombiano es el que más se revaluó y la TRM perdió casi $200 en lo corrido del año y llegó a estar por debajo de los $2.800, precios no vistos desde el 2015.

Si se maneja bien, la minibonanza petrolera puede ser una bendición para disminuir los déficits externo y fiscal. Pero si se repiten los errores de la década pasada –aumentar el gasto público y permitir revaluar el peso- se volverán a estimular las importaciones con un impacto negativo sobre la producción nacional.

Si el Gobierno hace su parte, el Banco de la República puede evitar la revaluación comprando dólares de manera discrecional y no preavisada, pues si anuncia al mercado cuándo y cómo comprará, lo único que hará será asegurarle pingües ganancias a los especuladores.

Economista

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