Aliadas

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Tigres de papel. Así denominó Moisés Naím a los gremios venezolanos. ¿Una profecía? Pues frente a la estrategia antidemocrática del Chavismo, así resultó.

Que no nos vaya a ocurrir lo mismo. Es que la fortaleza de una democracia depende no solo de los procesos electorales y de los partidos, hoy tan desacreditados, y de la vigencia de sus instituciones sino también, y mucho, de la ciudadanía que se preocupa por el bienestar general, por la salud de la vida política y la calidad de sus dirigentes.

No es fácil cumplir con el deber de ejercer la ciudadanía. Reclamamos derechos pero poco nos ocupamos de nuestros deberes. Ser un buen ciudadano requiere compromiso con el destino del país y, desde cada sector, estar al tanto de lo que lo que ocurre y de lo que es el deber ser para una nación. Y estar listos a ayudar y participar.

Por eso se habla de una democracia participativa, postulado esencial de la Constitución de 1991. Por eso el Título II de la Carta establece que “las profesiones legalmente reconocidas pueden organizarse en colegios”. Además, garantiza la libre asociación para el desarrollo de las actividades que se realizan en sociedad y reconoce derechos políticos amplios.

También contempla que se “fomentarán prácticas democráticas para el aprendizaje de los principios y valores de la participación ciudadana”; “los extranjeros disfrutarán en Colombia de los mismos derechos civiles que se conceden a los colombianos”. Y en nombre de la soberanía popular, “el Estado contribuirá a la organización, promoción y capacitación de las asociaciones profesionales, cívicas, sindicales, comunitarias, juveniles, benéficas o de utilidad común no gubernamentales, con el objeto de que constituyan mecanismos democráticos de representación en las diferentes instancias de participación, concertación, control y vigilancia de la gestión pública que se establezcan”.

Influir es la esencia del proceso democrático si se hace con transparencia. Una democracia vigorosa pide más participación, más voces. Existe una ciudadanía colectiva que se manifiesta por medio de la asociación en torno de temas concretos que luego, si existieran e hicieran la tarea, se agregan en los partidos para formular políticas públicas.

Los gremios han dado ejemplo de continuidad. El 18 de julio de 2016, El Nuevo Siglo divulgó la duración de algunos directores gremiales. Jens Mesa, de Fedepalma completó 27 años al frente de la entidad. Juan Martín Caicedo dirige la Cámara Colombiana de Infraestructura desde su fundación en 2004. Sandra Forero cumple tres lustros en Camacol.

Javier Díaz va para un cuarto de siglo en la Asociación Nacional de Exportadores.

La continuidad en el sector empresarial tiene un gran significado para asegurar calidad en la formulación de políticas públicas. La Federación de Cafeteros ha sido el modelo de seriedad, eficacia y continuidad, con un gran impacto en el mejoramiento social de los municipios cafeteros. Y fue modelo de gobernabilidad compartida cuando campeaba el sectarismo partidista, además de una gran herramienta de política exterior.

Nuevos gremios son una buena manera de conmemorar las tres décadas de la Constitución y su naturaleza participativa. El aporte en decisiones relevantes debe ser una eficaz herramienta para corregir desigualdades. Así se asegura el bien común.

Ojalá, la nueva asociación, Aliadas, además de una sana competencia colabore cuando sea necesario para el mejor bienestar de la Nación.

*Exministro de Estado 

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