DIARIO DEL MAGDALENA
Periódico de Santa Marta

Asisten parto en centro de salud de Sitionuevo; al niño lo llamaron como el Gobernador

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El milagro de la vida volvió a correr sobre las aguas de la Ciénaga Grande de Santa Marta y, nuevamente, con el nacimiento de un bebé en el Puesto de Salud del pueblo palafito de Nueva Venecia, adscrito a la ESE Hospital Local de Sitionuevo, donde vino al mundo el pequeño Carlos Eduardo: el noveno hijo de una humilde familia colombo-venezolana, la cual, gracias a la gestión del Gobernador del Magdalena, Carlos Caicedo, dejó de parir con la atención de ancestrales parteras, para ser auxiliados por el primer médico profesional de la comarca en los últimos 25 años.

Y es que, debido a la asistencia del galeno designado por Caicedo, Naiser Marín Suárez y su amada esposa, Marelin Marín Polanco, decidieron llamar a su último hijo con los mismos primer y segundo nombre del gobernante, Carlos Eduardo, como expresión de reconocimiento a la gestión del mandatario, quien entre sus políticas públicas prioriza el derecho a la salud de los más pobres del Magdalena.

En el caso de Marelin, se trata de una mamá con la avanzada edad de 42 años, con ocho gestaciones anteriores y, cuyas primeras cinco, se llevaron a cabo en Venezuela; mientras que los tres restantes se efectuaron en Colombia, desde su casa y bajo la supervisión de parteras, a las que reconoció su apoyo, pero a las que también debió acudir debido a su escasez de recursos, por lo que, con una sonrisa de esperanza, calificó su vida como una literal “paridera”, teniendo en cuenta que no solo se vio obligada a venir a Colombia para sobrevivir, sino que, además, durante su más reciente gestación, le tocó hacerse controles prenatales irregulares en el vecino municipio de Puebloviejo.

Por su parte, el pequeño Carlos Eduardo, que, cual Moisés llegó rozagante al mundo entre las aguas de la Ciénaga, registró un peso de 3.920 kilogramos y una talla de 52 centímetros. Totalmente sano, tras la atención de la red de asistencia médica perteneciente al que curiosamente los lugareños llaman ahora como el Hospital para la Vida, de Sitionuevo.

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