DIARIO DEL MAGDALENA
Periódico de Santa Marta

Colombia y EE.UU.

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No tenía sentido que una relación que en el Siglo XX (después de la separación de Panamá y el tratado Urrutia – Thompson) fue tan estrecha, se viera perturbada por actuaciones individuales durante la campaña Biden –Trump.

Siempre tuve la convicción de que esa alianza estratégica para los dos países continuaría y se fortalecería. Así lo reiteré cuando analicé la carta del presidente Biden al presidente Duque. Es lo que el secretario de Estado Blinken reafirmó al declarar que Colombia era “uno de los aliados más importantes de Estados Unidos”, “la piedra angular de nuestro hemisferio compartido”. Y para abundar: “El presidente Biden me pidió que viniera a Colombia en mi primer viaje a Sudamérica, porque nosotros y él vemos en el presidente Duque un gran amigo de Estados Unidos y vemos a Colombia como uno de los aliados más importantes en los muchos retos que nos enfrentan en las Américas”.

El profesor Malcolm Deas en su ensayo ‘Las armas de los débiles. Colombia y las potencias extranjeras en el Siglo XIX’ recuerda que nuestro principal socio comercial hasta la Primera Guerra Mundial fue Gran Bretaña y el principal artículo de intercambio, los textiles británicos.

Ahora cuando vamos a conmemorar dos siglos de relaciones diplomáticas veremos el contraste entre el Siglo XIX, el XX y el presente.

Hoy, los temas son ‘glocales’ o sea de gran significación global y local. Intermésticos.

Las drogas ilícitas, en primera instancia, son la fuente del debilitamiento de nuestra democracia, del desorden público, de la corrupción, etc. Como dijo Clinton, exacerbó todos los problemas en Colombia. Y ahí seguimos.

El nuevo tema de las migraciones, que dio lugar a una generosa política pública por parte del gobierno Duque y que ha sido reiteradamente elogiada por la comunidad internacional, y, la verdad sea dicha, no es compartida de igual manera por toda la opinión pública colombiana.

El tema de la democracia, en el cual las credenciales colombianas son inobjetables no obstante las inmensas amenazas de los grupos armados, el crimen organizado, paramilitares o autodefensas, corrupción, enormes desigualdades.

Ahí, a pesar de esas tremendas amenazas, radica buena parte de nuestra capacidad de mantener una tradición civilista, una tradición electoral y una tradición jurídica. Es lo que distingue a Colombia en América Latina.

Y, espero que su papel en la cumbre que se anuncia para diciembre con la participación de más de cien países, el caso colombiano sea aleccionador.

Es que estamos viviendo la crisis de la democracia liberal, en parte, un resultado de la globalización que pasó por alto factores claves del orden político.

Drogas, crimen organizado, migraciones, crisis de la democracia. Y cómo no añadir el cambio climático, otro tema ‘glocal’, de vida o muerte, en el cual Colombia tiene mucho que hacer y que mostrar como la visionaria política amazónica del presidente Barco, uno de sus legados más importantes, altamente elogiado por la comunidad internacional; el Príncipe Carlos se declaró en 1990, como guardián de esta estrategia y en su visita a Colombia en 2016 reiteró su admiración hacia esa decisión. Y los objetivos que se ha planteado el presidente Duque son, también, objeto de respetuosa consideración por su precisión y alcance.

La conferencia ministerial sobre migración fue una acertada iniciativa que le da visibilidad multilateral a este drama humanitario.

*Exministro de Estado. 

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